Amigos de tinta y valentía

Había una vez un gaucho llamado Juan y una china llamada María que vivían en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires.

Juan era un hombre valiente, fuerte y amante de la naturaleza, mientras que María era una joven alegre, inteligente y curiosa. Un día, mientras Juan cuidaba su ganado en el campo, vio a lo lejos a María caminando por el sendero con una caja en sus manos. Intrigado, se acercó para ver qué llevaba.

"¡Hola María! ¿Qué tienes ahí?" -preguntó Juan con curiosidad. María sonrió y abrió la caja revelando un hermoso libro lleno de cuentos e historias fantásticas. "Es mi tesoro más preciado", dijo María emocionada.

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"Me encanta leer y aprender cosas nuevas". Juan quedó fascinado con el libro y decidió pedirle a María que le enseñara a leer.

Ella aceptó encantada y comenzaron a pasar horas juntos cada día, aprendiendo letras, palabras y descubriendo mundos nuevos dentro de las páginas del libro. Pero no todos estaban contentos con esta nueva amistad entre el gaucho y la china. El malvado Don Ramón, dueño de las tierras cercanas al pueblo, estaba celoso del amor que crecía entre ellos.

Él siempre había deseado tener el amor de María solo para él. Un día, cuando Juan estaba fuera trabajando en los campos lejanos, Don Ramón ideó un plan malvado para separarlos.

Engañó a María diciéndole que Juan había decidido abandonarla porque ya no quería aprender más. María quedó destrozada y, sin saber qué hacer, se encerró en su casa llorando. Pero Juan no había abandonado a María, solo que Don Ramón lo había alejado para siempre.

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Cuando Juan regresó al pueblo y se enteró de lo sucedido, decidió luchar por su amistad con María. Sabía que tenía que enfrentarse a Don Ramón y demostrarle que el amor verdadero no podía ser separado tan fácilmente.

Con valentía y determinación, Juan fue a la casa de Don Ramón y le dijo:"Don Ramón, usted puede tratar de separarnos, pero nunca podrá apagar el amor que siento por María. Lucharé por ella hasta el final".

Don Ramón se rió burlonamente y aceptó el desafío de Juan. Propuso una carrera a caballo para decidir quién tendría derecho sobre María. El día de la carrera llegó y todo el pueblo estaba presente para presenciarla.

Juan montaba su fiel caballo Pampa mientras que Don Ramón lucía arrogante en su imponente corcel negro. La tensión era palpable mientras los dos jinetes galopaban hacia la meta. Pero justo cuando parecía que Don Ramón iba a ganar, Pampa dio un poderoso salto dejándolo atrás.

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Juan cruzó la línea de meta victorioso y todos aplaudieron emocionados. Había demostrado su valor y determinación para luchar por lo que amaba. María corrió hacia él con lágrimas de felicidad en sus ojos.

Se abrazaron fuertemente sabiendo que nada ni nadie podría separarlos nunca más. Desde ese día, el gaucho Juan y la china María fueron inseparables. Juntos, continuaron aprendiendo y compartiendo su amor por los libros, inspirando a todo el pueblo con su amistad única.

Y así, el gaucho y la china demostraron que el amor verdadero puede superar cualquier obstáculo y que nunca debemos dejar que nadie nos separe de lo que realmente amamos.

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