Blancanieves y los Duendes



En un bosque encantado, donde los colores brillaban más intensamente y los árboles susurraban secretos, vivía una hermosa niña llamada Blancanieves. Tenía la piel tan blanca como la nieve y una sonrisa que iluminaba incluso los días más oscuros. Pero lo que más amaba Blancanieves era jugar con los duendes, unos seres traviesos y llenos de energía que habitaban en la profundidad del bosque.

Un día, mientras recogía flores cerca de un arroyo, Blancanieves se encontró con sus amigos duendes, Toti, Luli y Pipo.

"¡Hola, Blancanieves! ¿Qué hacés por aquí tan solita?" - preguntó Toti, con su gorro rojo puntiagudo.

"Hola, Toti. Estoy buscando flores para la fiesta de la primavera que organizaremos en la aldea. ¡Quiero que sea mágica!" - respondió Blancanieves, entusiasmada.

Los duendes pensaron que era una gran idea y se ofrecieron a ayudarla.

"¡Nosotros podemos traer adornos del bosque! ¡Serán los más bonitos!" - dijo Luli, dando saltitos de alegría.

Así que los cuatro amigos se pusieron a trabajar. Mientras recogían hojas brillantes y flores de todos los colores, escucharon un ruido extraño proveniente de un arbusto cercano.

"¿Qué fue eso?" - murmuró Pipo, con su voz temblorosa.

Blancanieves se acercó al arbusto y encontró a un pequeño pájaro atrapado en una red.

"¡Pobrecito! Debemos ayudarlo" - dijo Blancanieves, preocupada.

"Pero, ¿si nos atrapan a nosotros también?" - cuestionó Toti.

"No podemos dejarlo así, chicos. Siempre hay que ayudar a quienes lo necesitan" - insistió Blancanieves.

Los duendes se miraron unos a otros, y aunque tenían miedo, decidieron confiar en Blancanieves.

"Está bien, vamos a ayudarlo, pero rápido" - dijo Luli, decidida.

Cruzando sus deditos, comenzaron a liberar al pájaro con cuidado, y apenas lo lograron, el ave alzó el vuelo, revoloteando feliz alrededor de ellos.

"¡Gracias! Ahora siempre estaré con ustedes para que no les falte nada en la fiesta" - trinó el pájaro, que había decidido ser el guardián de la primavera.

Esa tarde, la fiesta se llenó de colores y risas. El pájaro volaba de un lado a otro, decorando el cielo con su canto melodioso. Pero, de repente, una sombra oscura cubrió el bosque. Era la malvada bruja de la montaña, que había visto la fiesta desde lejos y decidió que quería apoderarse de la alegría.

"¡Muajajaja! Esta fiesta será mía y acabaré con todos ustedes!" - gritó la bruja, haciendo temblar el suelo.

Blancanieves y los duendes se alarmaron, pero decidieron no dejarse llevar por el miedo.

"No te dejaremos arruinar nuestra fiesta, bruja" - dijo Blancanieves, con valentía.

"¿Y qué harás, niña?" - rió la bruja, burlándose de ella.

"¡Nos ayudaremos unos a otros!" - afirmó Toti, tomando la mano de Luli y Pipo.

Formaron un círculo alrededor de la bruja.

"¡No permitiré que traigas tristeza aquí!" - exclamó Luli, empujando su loza de hojas hacia la bruja.

"¡Esto no funciona!" - gritó Pipo, pero juntos recordaron que la fuerza de la amistad podía lograr maravillas. Así que, tomados de las manos, comenzaron a cantar una canción sobre la alegría y la bondad.

Mientras más cantaban, la bruja empezó a sentirse extrañamente incómoda. Para su sorpresa, recordaba la calidez y la felicidad que había sentido cuando era joven.

"¿Qué es esto?" - murmuró, conmovida.

La magia del canto de los niños terminó por transformarla. En lugar de ser una bruja malvada, comenzó a desvanecerse y, lentamente, se transformó en una anciana amable que se unió a la fiesta.

"¿Qué ha pasado?" - preguntó la anciana, mirando a Blancanieves.

"Tú debías recibir amor y no odio. Todos merecemos ser felices" - respondió Blancanieves.

La fiesta continuó, ahora incluida la anciana, quien compartió historias del pasado y prometió cuidar del bosque. Blancanieves y los duendes aprendieron que a veces, las mayores transformaciones provienen del corazón, y que siempre, siempre hay que elegir la amistad y la bondad.

Desde aquel día, el bosque se volvió un lugar aún más mágico, donde los amigos se cuidaban unos a otros, y la amistad podía vencer cualquier mal.

Y así, Blancanieves y sus amigos duendes vivieron felices, organizando fiestas y cuidando de todos los seres del bosque, llenando cada rincón de alegría y amor.

FIN.

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