Cristina y el viaje hacia el corazón


Cristina vivía en un pequeño pueblo rodeado de naturaleza, donde podía disfrutar de largos paseos por el bosque y jugar con todos los animales que encontraba a su paso.

Tenía un perro llamado Rufus, un conejo llamado Pomponio y un pájaro llamado Lunita, quienes eran sus fieles compañeros de aventuras. Un día, mientras jugaba en el jardín con Pomponio saltando entre las flores, Cristina comenzó a preguntarse quién era realmente.

¿Qué significaba ser ella misma? ¿Cómo podía descubrir su verdadera identidad? Decidió entonces emprender un viaje para encontrar respuestas a sus preguntas. Se despidió de sus amigos animales y se internó en el bosque, decidida a descubrir quién era en realidad.

Caminó durante horas, observando la belleza de la naturaleza que la rodeaba, escuchando atentamente el canto de los pájaros y sintiendo la brisa acariciar su rostro. De repente, se encontró frente a una anciana sabia que parecía conocer todos los secretos del universo.

"Hola, querida Cristina", dijo la anciana con una sonrisa amable. "Ve veo buscando algo muy importante. ¿Sabes qué es tu identidad?"Cristina asintió con timidez y le contó a la anciana sobre sus dudas y preguntas.

La anciana le tomó las manos con ternura y le dijo: "Tu identidad no está afuera esperando ser encontrada, sino dentro de ti misma. Eres única e irrepetible, como cada hoja en este bosque o cada estrella en el cielo".

"Pero ¿cómo puedo descubrir quién soy realmente?" preguntó Cristina con curiosidad. La anciana le entregó un espejo mágico y le dijo: "Mira dentro de ti misma con amor y aceptación.

Escucha tu voz interior, sigue tus sueños y nunca pierdas tu esencia. Eso es lo que te define como persona". Cristina miró en el espejo mágico y vio reflejada una imagen radiante de sí misma, llena de luz y alegría.

En ese momento comprendió que su identidad no dependía de lo que otros pensaran de ella, sino de cómo se veía a sí misma. Llena de gratitud hacia la anciana sabia, Cristina regresó al pueblo junto a sus amigos animales.

Desde ese día, supo que su identidad estaba en ser fiel a quien realmente era: una niña amable, alegre, divertida amante de los animales.

Y así siguió viviendo aventuras inolvidables junto a Rufus, Pomponio y Lunita, siempre recordando la valiosa lección aprendida en aquel bosque encantado: la verdadera identidad reside en el corazón de cada persona que se ama y se acepta tal como es.

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