El Barrio Amable


Había una vez un niño llamado Francisco, quien vivía en un barrio muy grande y concurrido. Un día, mientras jugaba con sus amigos en la plaza del barrio, Francisco se separó de ellos y terminó perdido en las calles.

- ¡Chicos! -gritó Francisco mientras buscaba a sus amigos- ¿Dónde están? Pero nadie respondió. Francisco se sintió solo y asustado al darse cuenta de que no sabía cómo volver a su casa.

Decidió caminar por las calles del barrio, buscando algún lugar conocido o una persona amable que pudiera ayudarlo. Después de caminar durante un rato, encontró una tienda donde vendían golosinas.

La dueña lo notó triste y preocupado, así que le preguntó:- ¿Estás bien, pequeño? ¿Necesitas ayuda? Francisco le contó su historia a la señora de la tienda y ella decidió ayudarlo a encontrar su camino de vuelta a casa.

Juntos caminaron por el barrio, preguntándole a la gente si habían visto al padre o madre de Francisco. Pero nadie parecía conocerlo. De repente, vieron un puesto callejero donde vendían globos multicolores. El vendedor tenía uno que era igualito al que había perdido Francisco hace unos días atrás.

- ¡Ese es mi globo! -exclamó emocionado el niño-. Lo perdí hace unos días cuando estaba paseando con mis padres. El vendedor sonrió y le entregó el globo a Francisco sin cobrarle nada. Luego le dio unas indicaciones para llegar hasta su casa.

Mientras seguían caminando, Francisco notó que estaban cerca de su casa. La señora de la tienda lo acompañó hasta la puerta y se despidió con un abrazo. - Muchas gracias por ayudarme -dijo Francisco-.

Nunca olvidaré lo amable que fuiste conmigo. Desde ese día, Francisco aprendió a ser más cuidadoso al jugar en la plaza del barrio y siempre llevaba una tarjeta con el nombre y dirección de sus padres.

También aprendió que hay personas buenas en el mundo, dispuestas a ayudar a los demás sin pedir nada a cambio. Y así termina la historia de Francisco perdido en el barrio, una aventura emocionante pero llena de enseñanzas importantes para los niños.

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