El camino de Chirulí



Había una vez un pollito muy curioso llamado Chirulí que vivía en una granja. Un día, mientras exploraba el corral, Chirulí decidió aventurarse más allá de la cerca y adentrarse en el bosque cercano.

El bosque era un lugar fascinante y lleno de vida. Había árboles altos y frondosos, flores de todos los colores y pequeños animalitos correteando por todas partes. Chirulí nunca había visto algo tan hermoso e interesante.

Pero a medida que avanzaba entre los árboles, Chirulí comenzó a sentirse perdido. No reconocía ningún camino ni ningún sonido familiar. Estaba asustado y no sabía qué hacer. Justo cuando estaba a punto de llorar, escuchó un suave canto proveniente de lo lejos.

Siguiendo el sonido, llegó hasta un claro donde encontró a una linda mariquita llamada Luciérnaga. "-Hola amiguito, ¿estás perdido?"- preguntó Luciérnaga con una voz dulce. Chirulí asintió con tristeza. "Sí, me he perdido en este bosque tan grande".

Luciérnaga sonrió amablemente. "No te preocupes, yo puedo ayudarte a encontrar tu camino de regreso a casa. Pero primero debemos buscar al señor Búho.

"Ambos se adentraron aún más en el bosque hasta llegar al árbol donde vivía el señor Búho. El señor Búho era sabio y siempre tenía respuestas para todo. "-Señor Búho", dijo Luciérnaga, "este pollito llamado Chirulí se ha perdido y necesita su ayuda para encontrar el camino de regreso a casa".

El señor Búho miró a Chirulí con sus grandes ojos brillantes y le dijo: "-No te preocupes, pequeño pollito. Para encontrar tu camino de regreso a casa, debes seguir los rastros del sol. Siempre brilla en la dirección de las granjas".

Chirulí asintió emocionado y agradecido por la ayuda del señor Búho. Siguiendo los consejos del sabio búho, emprendió su viaje hacia casa. Mientras caminaba, Chirulí encontró muchos desafíos en su camino.

Se topó con un arroyo que era demasiado ancho para cruzar y una colina empinada que parecía imposible escalar. Pero cada vez que se sentía desanimado, recordaba las palabras del señor Búho y seguía adelante con determinación.

Finalmente, después de mucho esfuerzo y perseverancia, Chirulí vio a lo lejos el corral donde vivía junto a sus amigos gallinas y gallos. "-¡Estoy en casa!"- exclamó felizmente mientras corría hacia ellos. Todos en la granja celebraron el regreso seguro de Chirulí.

A partir de ese día, él aprendió que aunque explorar puede ser emocionante, siempre es importante tener cuidado y no perderse. Chirulí también entendió el valor de pedir ayuda cuando lo necesitaba y cómo la amistad puede hacer frente incluso a los retos más difíciles.

Y así, nuestro valiente pollito aprendió importantes lecciones sobre la perseverancia, la amistad y el valor de siempre encontrar el camino de regreso a casa.

Desde aquel día, Chirulí nunca volvió a perderse en el bosque, pero siempre recordaría con cariño las aventuras que vivió y las valiosas lecciones que aprendió.

FIN.

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