El día en que los animales de San Francisco El Alto fueron felices


En el hermoso municipio de San Francisco El Alto, en la sección A de la escuela urbana, un grupo de niños de segundo grado estaba muy emocionado por su próxima excursión al campo. La maestra, la señorita Laura, les había dicho que esa semana iban a visitar un refugio de animales donde aprenderían sobre la importancia de cuidar y respetar a los seres vivos. Los niños estaban ansiosos y llenos de curiosidad, pero también un poco nerviosos.

Llegó el día de la excursión y los niños se despidieron de sus padres con entusiasmo, listos para disfrutar de un día en la naturaleza. Al llegar al refugio, fueron recibidos por un amable cuidador de animales llamado Juan, quien les dijo que iban a vivir una experiencia única.

Durante la visita, los niños conocieron a animales de diferentes especies: perros, gatos, conejos, caballos y hasta algunas aves. Cada animal tenía una historia especial, y los niños se conmovieron al escuchar sobre los maltratos que algunos de ellos habían sufrido antes de ser rescatados.

Después de recorrer el refugio, la señorita Laura les propuso a los niños una actividad especial. Les pidió que formasen equipos y que pensaran en formas de hacer más felices a los animales. Los niños comenzaron a debatir y a proponer ideas creativas.

- ¿Y si les construimos una casita para que estén más cómodos? - sugirió Lucas.

- ¡Sí! Y también podríamos jugar con ellos para que se diviertan más - dijo Valentina.

Los niños estaban entusiasmados con la idea de mejorar la vida de los animales del refugio. Decidieron que cada equipo tendría una tarea diferente: unos construirían casitas, otros armarían juguetes, y otros prepararían snacks saludables para los animales.

Pasaron toda la tarde trabajando en sus proyectos, y al finalizar, los animales del refugio tenían nuevas casitas, juguetes divertidos y deliciosos snacks. Juan, el cuidador, les agradeció emocionado. Los niños estaban felices al ver a los animales entusiasmados con sus nuevas comodidades.

De regreso a la escuela, la señorita Laura les recordó a los niños lo importante que era cuidar y respetar a los animales. Les dijo que con pequeñas acciones como las que habían llevado a cabo ese día, podían hacer una gran diferencia en la vida de los seres vivos que los rodeaban. Los niños asintieron con determinación, seguros de que siempre se esforzarían por hacer felices a los animales.

Desde ese día, los niños de segundo grado de la sección A de la escuela urbana de San Francisco El Alto se convirtieron en defensores de los animales, irradiando alegría y amor por donde quiera que iban.

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