El día que el sol y la luna conocieron a las estrellas


Había una vez, en un cielo despejado y luminoso, el sol y la luna brillaban con intensidad, pero sentían curiosidad por conocer a las misteriosas estrellas. Una noche, la luna le propuso al sol ir en busca de las estrellas.

"¿Por qué no esperamos a que caiga la noche para ir juntos?", sugirió la luna. El sol estuvo de acuerdo y juntos esperaron pacientemente. Cuando finalmente la noche cayó, el sol y la luna se encontraron con las estrellas.

"¡Son tan brillantes y hermosas como nosotros!", exclamó el sol emocionado. "Es un placer conocerlos, queridas estrellas. Nos preguntábamos cómo hacían para brillar tanto en la oscuridad", dijo la luna con admiración.

Las estrellas, en su sabiduría, les explicaron que su luz provenía de su interior y que cada una de ellas tenía su propia historia y brillo único. Fascinados por lo que acababan de descubrir, el sol y la luna decidieron compartir su brillo con las estrellas.

El sol les ofreció su cálida luz durante el día, y la luna iluminó las noches con su suave resplandor. A cambio, las estrellas les regalaron destellos de magia que llenaron el cielo de maravillas.

Desde entonces, el sol, la luna y las estrellas trabajaron juntos para iluminar el mundo, cada uno aportando su brillo especial. Y así, aprendieron que la verdadera belleza radica en la diversidad y la colaboración.

El cielo se convirtió en un espectáculo deslumbrante, gracias a la amistad y sabiduría compartida entre el sol, la luna y las estrellas.

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