El encuentro de las dos piezas


Había una vez en un pequeño bosque, dos piezas que encajaban perfectamente, pero no era su momento.

Una de las piezas era un rompecabezas de un hermoso paisaje con montañas, ríos y árboles; la otra pieza era un rompecabezas de un arcoíris brillante y colorido. Ambas piezas ansiaban encontrarse, pero parecía que el destino les jugaba una mala pasada, ya que estaban separadas en cajas diferentes y en estantes opuestos de la juguetería.

-Hola, ¿cómo estás? -dijo la pieza del paisaje. -Hola, estoy bien, pero desearía estar junto a ti. -respondió la pieza del arcoíris. Fueron días y noches en los que las piezas conversaban en secreto, deseando estar juntas pero sin poder lograrlo.

Hasta que un día, un niño curioso decidió comprar ambos rompecabezas. Al abrir las cajas, las piezas quedaron frente a frente, pero descubrieron que no encajaban.

-No puede ser, ¿por qué no encajamos si estamos hechos el uno para el otro? -se lamentaba la pieza del paisaje. El dueño de la juguetería, que había presenciado todo, se acercó y les explicó: -A veces, aunque dos piezas encajen perfectamente, no es su momento. Las piezas se entristecieron, pero decidieron esperar pacientemente.

Pasaron los días y los rompecabezas fueron separados en el tiempo, pero nunca olvidaron su deseo de estar juntas. Hasta que un día, el niño que había comprado los rompecabezas creció y decidió juntarlos nuevamente.

Esta vez, las piezas encajaron a la perfección y formaron una escena magnífica de un paisaje lleno de colores y vida. Las piezas comprendieron que a veces es necesario esperar el momento adecuado para que las cosas sucedan, y que la paciencia siempre trae recompensas.

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