El equilibrio de Beatriz en Villa Esperanza


Había una vez en un pequeño pueblo llamado Villa Esperanza, una niña llamada Beatriz. Beatriz era una niña muy especial, ya que tenía la habilidad de ver y hablar con sus emociones.

Sí, así como lo lees, las emociones de Beatriz eran seres coloridos y simpáticos que la acompañaban a donde fuera. Un día soleado, mientras jugaba en el parque, Beatriz se encontró con sus emociones reunidas alrededor de ella en círculo.

Había una emoción brillante y alegre que se llamaba Alegría, otra tímida y dulce llamada Timidez, una traviesa y juguetona llamada Travesura, una seria y responsable llamada Responsabilidad y finalmente una triste y melancólica llamada Tristeza.

"¿Qué pasa chicos? ¿Por qué están todos aquí?" preguntó Beatriz curiosa. "¡Tenemos algo importante que contarte!" exclamó Alegría saltando de felicidad. Beatriz escuchó atentamente mientras cada emoción le explicaba su función y cómo podían influir en su comportamiento diario.

"¡Es fundamental que aprendas a equilibrar nuestras energías para ser feliz!" dijo Responsabilidad seriamente. Beatriz entendió la importancia de cada emoción en su vida y decidió prestarles más atención a partir de ese momento.

Sin embargo, no todo sería tan sencillo como parecía. Un día, mientras estaba en la escuela, un compañero nuevo comenzó a burlarse de ella por ser diferente. "¡Ja ja ja! Miren a esta niña rara hablando sola" se reía el niño cruelmente.

Las emociones de Beatriz se revolvieron dentro de ella: Alegría quería responder con humor, Timidez quería esconderse, Travesura quería vengarse jugándole una broma pesada al niño malo; Responsabilidad intentaba mantener la calma pero Tristeza amenazaba con inundar su corazón.

Beatriz respiró hondo y recordó lo que sus emociones le habían enseñado. Con valentía miró al niño directamente a los ojos y dijo:"No me importa si piensas que soy rara. Yo sé quién soy realmente y me siento orgullosa de ser diferente".

El niño quedó sorprendido por la seguridad de Beatriz e inmediatamente dejó de burlarse de ella. A partir de ese día, ambos se hicieron amigos y él también aprendió a aceptar sus propias diferencias.

Beatriz comprendió entonces que todas sus emociones tenían un propósito importante: alegrarla en los momentos felices, protegerla cuando sentía miedo o vergüenza, motivarla para cumplir con sus responsabilidades diarias e incluso permitirle expresar su tristeza cuando las cosas no salían como esperaba.

Desde ese día en adelante, Beatriz supo valorar todas las facetas de su personalidad gracias a las enseñanzas inspiradoras de sus amigas emociones. Y juntas vivieron muchas aventuras extraordinarias llenas de amor propio y aceptación mutua.

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