El Gran Mercado de Clara



Era un sábado radiante en el barrio de Clara, una niña curiosa de ocho años. Hoy era un día especial, porque su mamá le había prometido llevarla al mercado por primera vez. Clara se arregló rápidamente y salió de casa con una sonrisa gigante en su rostro.

"¡Mamá, estoy lista!" - exclamó Clara al entrar a la cocina, donde su madre preparaba la lista de compras.

"Vamos, entonces, no podemos hacer esperar al mercado" - respondió su mamá, guardando la lista en su bolsillo.

Al llegar al mercado, Clara se encontró con un mundo lleno de colores y aromas. Las frutas y verduras brillaban como joyas, y los vendedores ofrecían sus productos con entusiasmo.

"¡Mirá esas peras, Clara! Son de la cosecha de este año, ¡están deliciosas!" - dijo su mamá mientras señalaba un puesto lleno de frutas.

"¡Quiero probarlas!" - clamó Clara, acercándose al vendedor.

El hombre, con una sonrisa amable, le ofreció una pera jugosa. Clara le dio un mordisco y rápidamente su rostro se iluminó.

"¡Es la mejor pera que probé en mi vida!" - gritó, emocionada.

Continuaron recorriendo el mercado y Clara se maravillaba con cada puesto que veían. De repente, algo llamó su atención. Un puesto estaba lleno de juguetes hechos de materiales reciclados.

"¡Mirá, mamita! Esos juguetes son diferentes, ¡están hechos de cosas que ya no se usan!" - comentó Clara con admiración.

"Sí, hija, son juguetes muy especiales. Reutilizar materiales es bueno para el planeta" - le explicó su madre.

Clara, intrigada por la idea, decidió preguntar al vendedor.

"¿Por qué haces juguetes con cosas recicladas?" - inquirió a un hombre que estaba armado de una gran sonrisa.

"Porque me gusta darle una nueva vida a lo que otros desechan. Así creamos menos basura y ayudamos a nuestro planeta" - respondió el vendedor.

Clara sintió que el corazón le daba un vuelco. "¡Me encantaría ayudar!" - declaró con decisión.

El vendedor sonrió y dijo: "¡Ese es el espíritu! Puedes comenzar en tu casa, reciclando cosas que ya no necesitas. A veces, una caja puede convertirse en un barco o en una casa de muñecas. ¡La imaginación no tiene límites!"

Siguiendo la aventura, Clara compró una pequeña figura de cartón que parecía un robot.

"¡Voy a llevarme este robot, él será mi ayudante para reciclar cosas en casa!" - exclamó.

Mientras seguían caminando, vieron a un artista pintando murales en una pared del mercado. La escena era hermosa y llena de colores, pero Clara no pudo evitar notar que, alrededor del artista, había muchos envases de pintura vacíos tirados en el suelo.

"Mamá, ¿no deberíamos recoger esos? ” - preguntó Clara, preocupada.

"Tienes razón, hija. ¿Qué te parece si le preguntamos al artista si podemos ayudarlo a limpiar?" - sugirió su madre.

Clara asintió y se acercó al artista, quien las miró con amabilidad. "Hola, señor. ¿Podemos ayudarlo a recoger la basura?" - preguntó Clara con sinceridad.

"¡Claro! Eso sería maravilloso. La gente a veces no entiende la importancia de cuidar nuestro entorno" - respondió el artista, agradecido.

Así, Clara y su mamá pasaron un buen rato recogiendo los envases de pintura y nuestra pequeña protagonista se sintió muy orgullosa de hacer algo positivo por su comunidad.

Al finalizar la jornada, Clara volvió a casa con el robot de cartón y una enorme sonrisa en su rostro.

"Hoy aprendí que uno puede reciclar y ayudar al planeta de muchas maneras diferentes. ¡El mercado no solo fue divertido, también fue educativo!" - comentó Clara.

"Exactamente, hija. ¡Estoy muy orgullosa de ti!" - dijo su mamá mientras le daba un abrazo.

Desde ese día, Clara no solo disfrutó de las visitas al mercado, sino que también se convirtió en la recicladora oficial de su hogar, y siempre recordaba el hermoso día en el mercado que la inspiró a cuidar mejor del mundo que la rodeaba.

Mientras miraba por la ventana aquel hermoso sábado, pensó en todas las cosas que podía reciclar: cajas, frascos, hasta la bolsa del pan.

Y así, Clara continuó su aventura, convertida en una pequeña guardiana del planeta que siempre estaba lista para aprender algo nuevo y ayudar a quienes la rodeaban.

FIN.

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