El gran tesoro de la amistad


Había una vez en un frondoso bosque, una ardilla llamada Anita y un perro llamado Beto. Anita vivía en lo alto de un gran árbol, mientras que Beto tenía su madriguera al lado de un riachuelo.

Un día, Anita estaba recolectando nueces cuando Beto se acercó a curiosear. - ¡Hola Anita! ¿Qué estás haciendo? - preguntó Beto con entusiasmo.

- Estoy guardando estas nueces para el invierno, pero siempre es difícil alcanzar las más sabrosas - respondió Anita con un dejo de tristeza en su voz. Beto, conmovido, propuso: - ¡No te preocupes! Yo puedo ayudarte a recoger las nueces de las ramas altas. Juntos formaremos un gran equipo. Y así, Anita y Beto se convirtieron en inseparables amigos.

Día tras día, recolectaban nueces, jugaban y exploraban el bosque juntos. Un día, mientras cavaban en la tierra, encontraron un cofre brillante enterrado. - ¡Wow, un tesoro! - exclamó Beto emocionado.

- ¡Parece que la vida nos premia por nuestra amistad! - dijo Anita con gratitud. Al abrir el cofre, descubrieron que estaba lleno de pepitas de oro. Sin embargo, en lugar de quedárselo, decidieron compartirlo con los demás animales del bosque.

Utilizaron el oro para arreglar la madriguera de Beto, construir un columpio para Anita y ayudar a los animales necesitados. La noticia sobre su generosidad se esparció por el bosque, y Anita y Beto se convirtieron en los héroes de la comunidad.

Desde ese día, su amistad se fortaleció aún más, demostrando que el verdadero tesoro en la vida es la amistad y la generosidad.

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