El hada Luna y el poder de los sueños

Había una vez un hermoso jardín de infantes en un pequeño pueblo. En ese jardín, había muchos niños y niñas que se divertían muchísimo jugando y aprendiendo cada día.

Un día, mientras los alumnos estaban en el patio del jardín, apareció un hada mágica llamada Luna. Luna era muy simpática y siempre estaba dispuesta a ayudar a los demás. Tenía la habilidad de conceder deseos a todos aquellos que lo necesitaran.

Los alumnos quedaron maravillados al ver a Luna volando por el aire con sus brillantes alas.

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Se acercaron corriendo hacia ella y le preguntaron emocionados:- ¡Hola, hada Luna! ¿Qué haces aquí? Luna sonrió y les respondió:- Hola chicos y chicas, vine aquí para ayudarles a cumplir sus deseos más profundos. Pero antes de eso, quiero saber qué es lo que más desean en este momento. Uno de los compañeros levantó la mano rápidamente y dijo:- Yo deseo ser el mejor futbolista del mundo.

Luna asintió con la cabeza y le dijo:- Muy bien, trabajaré contigo para que puedas mejorar tus habilidades futbolísticas. Y así comenzó a enseñarle al niño diferentes técnicas de fútbol durante las clases de educación física.

Con paciencia y dedicación, el niño fue mejorando poco a poco hasta convertirse en uno de los mejores jugadores del equipo escolar. Otra compañera levantó la mano tímidamente y dijo:- A mí me gustaría poder leer libros grandes como mi hermana mayor.

Luna sonrió nuevamente y le respondió:- ¡Claro que sí! Trabajaremos juntas para que puedas leer libros más avanzados. Y así, durante las clases de lectura, Luna ayudó a la niña a mejorar su nivel de lectura y comprensión.

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Poco a poco, la niña fue superando sus dificultades y pudo disfrutar de historias más complejas. Los demás compañeros también expresaron sus deseos y Luna los ayudó uno por uno.

Algunos querían aprender a dibujar mejor, otros querían ser buenos en matemáticas, y algunos simplemente deseaban hacer nuevos amigos. Luna se aseguraba de que cada deseo fuera cumplido, pero les recordaba a todos que el esfuerzo y la dedicación eran fundamentales para alcanzar sus metas.

Con el tiempo, los alumnos del jardín de infantes se convirtieron en niños seguros de sí mismos, con habilidades destacadas en diferentes áreas. Pero lo más importante fue que aprendieron el valor del trabajo duro y la importancia de nunca rendirse ante los obstáculos.

Un día, cuando llegó el momento de despedirse del jardín de infantes para ir al colegio primario, los alumnos le dieron un gran abrazo a Luna como muestra de gratitud por todo lo que había hecho por ellos.

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- ¡Gracias hada Luna! - exclamaron emocionados - Gracias por enseñarnos a creer en nosotros mismos y por ayudarnos a cumplir nuestros sueños. Luna sonrió felizmente mientras desaparecía entre las nubes.

Sabía que esos niños llevarían consigo las lecciones aprendidas durante toda su vida y seguirían persiguiendo sus sueños con valentía y determinación. Y así, el jardín de infantes siguió siendo un lugar mágico donde los niños aprendían y crecían con amor y amistad.

Y cada vez que veían una estrella en el cielo, recordaban a su querida hada Luna y todo lo que ella les había enseñado.

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