El Juego de la Evaluación del Desempeño


En una escuela muy especial, había un grupo de animalitos que estaban emocionados porque se acercaba el día de la gran Evaluación del Desempeño. El maestro Don León, un león sabio y amable, les explicó a todos que la evaluación del desempeño era como un juego en el que él observaría cómo realizaban sus tareas diarias y luego les daría retroalimentación para ayudarlos a mejorar.

"Recuerden, queridos alumnos, esta evaluación es una oportunidad para aprender y crecer", les dijo el maestro Don León.

Todos los animalitos estaban entusiasmados, excepto Lucas, el perezoso oso perezoso. Lucas siempre pensaba que no era bueno en nada y que la evaluación sería una prueba de que nunca podría mejorar. Pero sus amigos, Anita la ardilla y Martín el mapache, lo animaron y le recordaron que el maestro Don León siempre los motivaba a ser mejores.

Llegó el día de la evaluación y todos se esforzaron al máximo en sus tareas. El maestro Don León los observaba con atención y anotaba todas las cosas que estaban haciendo bien y en cuáles podrían mejorar. Al final del día, reunió a todos los animalitos y, uno por uno, les dio su retroalimentación. Les dijo a Anita que era muy hábil para recolectar frutos y que podía ayudar a sus amigos a hacerlo más rápido. A Martín le elogió su habilidad para construir refugios y le sugirió compartir sus conocimientos con los demás.

Cuando llegó el turno de Lucas, el perezoso oso perezoso, se puso nervioso. El maestro Don León le dijo que había notado que tenía un talento especial para descansar, pero que también podría esforzarse un poco más en ayudar a sus compañeros con sus habilidades. Lucas se sintió triste al principio, pero luego recordó las palabras de sus amigos y del maestro.

"¡Tienes razón, maestro! ¡Voy a esforzarme más y mostraré lo que puedo hacer!", exclamó Lucas con determinación.

A partir de ese día, Lucas se esforzó al máximo en todas sus tareas. Con el apoyo de sus amigos y la orientación del maestro Don León, mejoró en muchas áreas y descubrió nuevas habilidades que ni siquiera sabía que tenía.

La Evaluación del Desempeño se convirtió en un juego emocionante en el que todos aprendieron a apoyarse mutuamente y a crecer juntos. Y Lucas, el perezoso oso perezoso, se dio cuenta de que, con esfuerzo y dedicación, podía ser cada vez mejor en lo que hacía.

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