El lobo divertido y los tres cerditos


Había una vez, en un hermoso bosque, tres cerditos que vivían juntos en una acogedora casita. Cada uno de ellos era conocido por su astucia, inteligencia y bondad.

Un día, mientras los tres cerditos se encontraban construyendo una nueva casa, apareció el lobo divertido. A diferencia de los lobos que conocían, este lobo era amigable, divertido y siempre estaba dispuesto a hacer reír a los demás.

-¡Hola, cerditos! Soy el lobo divertido, vine a ser amigo de ustedes -dijo el lobo con una gran sonrisa en el rostro. Los cerditos, sorprendidos por la actitud amigable del lobo, decidieron darle una oportunidad y aceptaron su amistad. Juntos, los cuatro amigos pasaron días maravillosos compartiendo risas, juegos y aventuras.

El lobo ayudaba a los cerditos a construir su nueva casa, les contaba chistes y les enseñaba trucos divertidos.

Sin embargo, un día, el lobo les confesó a los cerditos su deseo de convertirse en comediante y viajar por el mundo haciendo reír a todos. Los cerditos, a pesar de estar tristes por la noticia, apoyaron con entusiasmo el sueño del lobo. -Vamos a extrañarte, pero sabemos que harás reír a muchas personas en todo el mundo -dijeron los cerditos con cariño.

El lobo se despidió de sus amigos, prometiéndoles que volvería a visitarlos y que siempre serían amigos. Los cerditos, ahora solos nuevamente, continuaron trabajando en su nueva casa, recordando con alegría los buenos momentos que habían compartido con el lobo.

Pasaron los meses y los cerditos finalizaron la construcción de su hermosa casa, sintiéndose orgullosos del trabajo en equipo y la amistad que los unía. Un día, mientras estaban disfrutando de una tarde soleada, escucharon risas familiares acercándose.

Para su sorpresa, era el lobo divertido, ahora convertido en un famoso comediante, llevando alegría y risas a todos los rincones. -¡Sabía que harías reír a muchas personas! Estamos tan orgullosos de ti, amigo -dijeron los cerditos emocionados.

El lobo, feliz de reencontrarse con sus amigos, les agradeció por haber creído en él y les prometió visitarlos más seguido. Desde ese día, los cuatro amigos continuaron disfrutando de nuevas aventuras, demostrando que la verdadera amistad siempre prevalece, sin importar las distancias.

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