El misterio de la rana robada


En las calles de Buenos Aires, en una noche oscura y silenciosa, el joven Salamanca salió de su casa con la intención de cometer un robo.

Salamanca era conocido en el barrio como un ladrón habilidoso, pero en su corazón sabía que sus acciones no estaban bien. Mientras caminaba por las sombras, escuchó un suave croar que provenía de un callejón cercano.

Al acercarse, descubrió a un viejo mendigo que sostenía en sus manos una hermosa rana de color verde brillante. -Hola, joven Salamanca -dijo el mendigo con una voz amable-. Esta rana es muy especial. Posee el poder de conceder un deseo a aquel que la trate con bondad.

Salamanca se sintió intrigado por las palabras del mendigo, pero su mente seguía enfocada en su plan de robo. Sin embargo, cuando intentó arrebatar la rana de las manos del mendigo, algo sorprendente sucedió. La rana saltó y se posó en el hombro de Salamanca, mirándolo fijamente a los ojos.

El ladrón sintió un escalofrío recorrer su cuerpo y se detuvo. -¿Qué estás haciendo, Salamanca? -preguntó la rana con una voz melodiosa que resonaba en su cabeza-. No necesitas robar para conseguir lo que quieres.

Salamanca quedó paralizado ante la sorpresa de escuchar a la rana hablar. Durante esa noche, la rana le contó historias de su vida en los pantanos y de cómo había aprendido a valorar la bondad y la generosidad por encima de todas las cosas.

Salamanca reflexionó sobre sus acciones pasadas y se dio cuenta de que siempre había anhelado algo más que riquezas materiales. Al amanecer, Salamanca devolvió la rana al mendigo y le pidió perdón por su intento de robo.

Desde ese día, Salamanca decidió cambiar su camino y dedicar su vida a ayudar a los demás.

Se convirtió en un defensor de los más necesitados y un ejemplo de bondad en su barrio, sin olvidar nunca las sabias palabras de la rana que le enseñaron el verdadero valor de la generosidad y la amistad.

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