El misterio del tiempo perdido

Había una vez una niña llamada Lucía, a quien le encantaba jugar con su perro, un pequeño y juguetón dálmata llamado Pongo. Lucía también tenía otra pasión: coleccionar relojes antiguos.

Su abuela había sido una coleccionista de relojes en su juventud y le había transmitido esa pasión a Lucía. Un día, mientras paseaban juntos por el parque, Pongo se escapó corriendo detrás de una ardilla y se metió en una casa abandonada.

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Lucía lo siguió rápidamente pero cuando estaba adentro la puerta se cerró detrás de ella. - ¡Oh no! ¿Cómo vamos a salir ahora? - exclamó Lucía preocupada. El tiempo pasaba y Lucía empezaba a sentirse cada vez más angustiada.

De repente, notó algo extraño en uno de los relojes que había en la habitación donde estaban atrapados. Era un reloj muy antiguo que nunca había visto antes. "¿Qué hora marca este reloj?" - preguntó curiosa a su perro.

Pongo ladró dos veces como si quisiera decirle que eran las 12 del mediodía. Lucia pensó que tal vez ese era el momento para hacer algo especial y diferente así que decidió explorar la casa buscando alguna forma de escapar.

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Fue entonces cuando encontraron otro reloj antiguo con las agujas marcando las tres de la tarde.

"¡Mira Pongo! Este debe ser nuestro próximo objetivo" - dijo emocionada LuciaAsí comenzaron su aventura por la casa abandonada mirando los distintos relojes y descubriendo nuevos lugares. Encontraron una biblioteca con libros antiguos, una cocina con utensilios de cobre y hasta un jardín secreto. Finalmente, después de muchas horas explorando la casa, encontraron el reloj que marcaba las seis de la tarde.

Y en ese momento escucharon a lo lejos el sonido del timbre de la puerta principal. "¡Es mi mamá! ¡Estamos salvados!" - gritó Lucía emocionada mientras corría hacia la puerta.

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Cuando finalmente salieron de la casa abandonada, Lucía se dio cuenta de algo muy importante: había aprendido mucho sobre los relojes antiguos pero también había aprendido que no debía rendirse ante las adversidades y siempre debía buscar soluciones creativas para resolver problemas.

Y por supuesto, estaba muy contenta de haber encontrado a su perro Pongo sano y salvo. Desde entonces, Lucía siguió coleccionando relojes antiguos pero también se convirtió en una aventurera intrépida que nunca dejaba que nada se interpusiera en su camino.

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