El Niño y los Tres Cerditos


Había una vez un niño llamado Mateo, a quien le encantaba explorar el bosque y jugar con sus amigos. Un día, mientras caminaba por el bosque, Mateo escuchó risas y cantos.

Siguiendo el sonido, encontró a tres cerditos construyendo sus casitas. -¡Hola, amigos cerditos! ¿Qué están haciendo? -saludó Mateo con entusiasmo. Los cerditos se alegraron al ver a Mateo y le contaron que estaban construyendo sus casitas para protegerse del temible lobo que vivía en el bosque.

-¡Qué emoción! ¿Puedo ayudarlos? -preguntó Mateo con una sonrisa. Los cerditos aceptaron emocionados la ayuda de Mateo. Juntos, construyeron tres casitas: una de paja, otra de madera y la última de ladrillos.

Mientras terminaban la última casita, el lobo apareció detrás de un árbol. -¡Ja, ja, ja! ¡Ya huelo a cerdito! -gritó el lobo con voz amenazante. Los cerditos se asustaron y corrieron a refugiarse en sus casitas.

Mateo pensó rápidamente y les dijo a los cerditos: -¡Rápido! Entren a la casa de ladrillos, yo me encargaré del lobo. Los cerditos asintieron y se escondieron en la casa de ladrillos mientras el lobo se acercaba. Mateo decidió hablar con el lobo en lugar de pelear.

-Señor lobo, ¿por qué quiere lastimar a los cerditos? El lobo, sorprendido por la valentía y amabilidad de Mateo, bajó la mirada y se sinceró: -Estoy hambriento y pensé que los cerditos podrían ayudarme. Mateo entendió que el lobo solo quería comer y le propuso una solución pacífica.

-Si prometes no lastimar a los cerditos, puedo llevarte con un granjero que te dará comida. El lobo dudó al principio, pero finalmente aceptó la propuesta de Mateo.

Juntos caminaron hasta la granja cercana, donde el granjero generoso les dio comida al lobo. Desde ese día, el lobo dejó de ser temido en el bosque y los cerditos y Mateo se convirtieron en amigos.

Los cuatro vivieron muchas aventuras juntos, aprendiendo que la amistad y la compasión son las mejores armas contra el miedo.

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