El pajarito de Sor Gloria



Había una vez en un pequeño pueblo de Argentina, una hermana llamada Sor Gloria Esperanza Vásquez López.

Desde muy joven, Sor Gloria supo que su felicidad estaba en ser consagrada a Dios y dedicar su vida al servicio de los demás. Desde temprana edad, Sor Gloria mostró una gran devoción y amor por Jesús. Pasaba horas rezando y ayudando a los necesitados en su comunidad. Siempre tenía una sonrisa en el rostro y palabras amables para todos.

Cuando cumplió 18 años, Sor Gloria tomó la decisión de ingresar a la congregación HFIC (Hermanas Franciscanas de la Inmaculada Concepción). Allí encontró un hogar lleno de hermanas con las mismas aspiraciones y valores que ella.

Durante sus primeros años como religiosa, Sor Gloria se destacó por su trabajo incansable y su entrega absoluta. Realizaba todas sus tareas con amor y abnegación, sin esperar nada a cambio. Su servicio apostólico era reconocido por todos en la congregación.

Un día, mientras caminaba por el jardín del convento, Sor Gloria encontró un pequeño pajarito herido. Sin dudarlo ni un segundo, lo recogió entre sus manos y lo llevó al interior del convento para cuidarlo.

"Hermanita, ¿qué tienes ahí?" -preguntó sor Ana María al verla entrar con el pajarito. "Encontré a este pobre animalito herido en el jardín. Voy a curarlo", respondió Sor Gloria con ternura. Sor Ana María sonrió admirada ante la bondad de su compañera.

Juntas cuidaron al pajarito durante semanas, hasta que finalmente se recuperó y pudo volar libremente. Este acto de compasión y amor por la vida de Sor Gloria no pasó desapercibido.

Pronto, su historia llegó a oídos de un famoso ilustrador argentino llamado Juanito. Juanito quedó fascinado por la historia de Sor Gloria y decidió escribir e ilustrar un libro infantil inspirado en ella.

El libro contaría la historia de una hermana religiosa que encontraba un pajarito herido y lo cuidaba con amor hasta que pudiera volar nuevamente. El libro se convirtió en un éxito instantáneo entre los niños de Argentina. Todos quedaron cautivados por la historia de bondad y compasión de Sor Gloria.

Además, los dibujos coloridos y detallados de Juanito le dieron vida al relato. Sor Gloria estaba emocionada al ver cómo su historia podía inspirar a tantos niños a ser amables y generosos con los demás.

Pero para ella, el verdadero regalo era saber que estaba cumpliendo con su propósito divino: servir a Dios y a su congregación HFIC. Y así, Sor Gloria continuó dedicando su vida al servicio apostólico con amor y abnegación durante muchos años más.

Su felicidad radicaba en ser fiel a sus votos religiosos y llevar alegría a todos aquellos que tenían el privilegio de conocerla. Fin

FIN.

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