El perro, el niño y el árbol gigante


Había una vez un perro muy juguetón llamado Chispa, a quien le encantaba correr y saltar por el parque. Un día, mientras correteaba por el pasto, Chispa encontró a un niño llamado Mateo que estaba plantando una pequeña semilla.

- ¿Qué estás haciendo, Mateo? - preguntó Chispa moviendo la cola con emoción. - Estoy plantando esta semilla para que crezca un árbol grande y hermoso - respondió Mateo con una sonrisa.

Chispa se acercó curioso y decidió ayudar a Mateo a cuidar la semilla todos los días. Pasaron las semanas y la semilla comenzó a brotar, convirtiéndose en un pequeño árbol verde. Chispa y Mateo regaban la planta, la protegían del sol y la cuidaban con mucha atención.

Con el tiempo, el árbol fue creciendo y cada día se volvía más grande y fuerte.

Un día, mientras jugaban alrededor del árbol, Mateo miró a Chispa y le dijo: - ¿Te imaginas si este árbol crece tanto que nos permita escalar hasta las nubes? Chispa movió la cola emocionado, y juntos soñaron con la idea de llegar a lo más alto del árbol. Pasaron los años, y el pequeño árbol se convirtió en un gigante que alcanzaba hasta el cielo.

Chispa y Mateo, ya mayores, decidieron cumplir su sueño de escalar el enorme árbol. Con cuerdas y arneses, se ayudaron mutuamente para escalar las ramas robustas del árbol.

Al llegar a la cima, se abrazaron emocionados y contemplaron la magnífica vista desde lo alto. Desde allí, vieron todo el camino que habían recorrido juntos, desde la pequeña semilla hasta el imponente árbol. Descubrieron que con esfuerzo, paciencia y trabajo en equipo, cualquier sueño, por imposible que parezca, puede hacerse realidad.

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