El perro travieso y el baño milagroso


Había una vez en un hermoso pueblo, un perro muy travieso llamado Pancho. Pancho era un perro blanco y animal, siempre estaba corriendo de un lado a otro y metiéndose en problemas. Un día, Pancho pasó por un charco de lodo y, por supuesto, no pudo resistirse a la tentación de revolcarse en él. ¡Quedó completamente sucio y desaliñado! Lleno de barro, se dirigió a la casa de la señora Manuela, una mujer amable y compasiva que vivía en el pueblo.

La señora Manuela se sorprendió al ver a Pancho en ese estado. "¡Pancho, qué has hecho! Estás lleno de barro", exclamó. Sin perder un minuto, la señora Manuela llevó a Pancho al patio trasero y con mucho cariño lo bañó y cepilló. Pancho, casi irreconocible después del baño, estaba tan limpio y esponjoso que parecía un perro nuevo. La señora Manuela lo miró con cariño y le dijo: "Pancho, sé que te gusta jugar y ensuciarte, pero recuerda que estar limpio es importante para estar saludable y agradable." Pancho movió la cola en señal de acuerdo y se acurrucó a los pies de la señora Manuela, agradeciendo su amabilidad.

Días después, Pancho se encontró con un grupo de cachorros que estaban buscando un hogar. Recordando las palabras de la señora Manuela, Pancho decidió ayudar a los cachorros a encontrar familias amorosas. Recorrió el pueblo, mostrando a los cachorros a las personas que podrían brindarles un hogar. Su amabilidad y esfuerzos dieron frutos, todos los cachorros encontraron un hogar donde serían amados y cuidados. El pueblo entero quedó impresionado por la generosidad de Pancho, quien había demostrado que ser limpio va más allá de estar libre de suciedad, también significa ser amable y servicial. Desde ese día, Pancho siguió llenando de alegría y amor a todos los que se cruzaban en su camino, y cada vez que veía un charco de lodo, recordaba la importancia de estar limpio, no solo por fuera, sino también por dentro.

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