El Puzzle de la Paciencia


Alis era una niña curiosa y decidida, a la que le encantaba resolver rompecabezas. Sin embargo, un día se encontró con un puzzle que le resultaba especialmente difícil de armar.

Tras varios intentos fallidos, la frustración se apoderó de ella y, en un arranque de rabia, tiró todas las piezas al suelo y comenzó a llorar.

Su mamá, viendo su sufrimiento, se acercó cariñosamente y le dijo: "Alis, entiendo que te sientas frustrada, pero la rabia no nos ayuda a resolver los problemas. Respira profundo y piensa en que siempre hay una solución". Alis no quería escuchar, estaba muy enojada y triste. No obstante, su mamá, con paciencia, le recordó que podía pedir ayuda cuando lo necesitara.

Lentamente, Alis empezó a recoger las piezas del suelo, aún con lágrimas en los ojos. Decidió intentarlo una vez más, siguiendo los consejos de su mamá, y, aunque le costó mucho, finalmente logró completar el puzzle.

En ese momento, sintió una gran satisfacción y aprendió que la paciencia y la perseverancia son clave para superar los desafíos.

Desde entonces, cada vez que se enfrentaba a un problema que parecía imposible, recordaba la lección que el puzzle le enseñó: siempre hay una solución si mantenemos la calma y pedimos ayuda cuando la necesitamos.

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