El rescate de la pelota y el nido

Constanza y Guillermina eran dos niñas muy amigas que vivían en el campo. Les encantaba pasar sus tardes juntas, corriendo por los prados y jugando con sus mascotas.

Un día, Constanza llegó al campo con su perro Bruno, un labrador dorado muy juguetón. Guillermina estaba esperándola con su gato Pelusa, un hermoso siamés de ojos azules. -¡Hola Constanza! -dijo Guillermina emocionada-. ¿Cómo estás? -Hola Guille -respondió Constanza sonriente-. Estoy bien, gracias.

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¿Y tú? ¿Cómo está Pelusa? -Pelusa está genial -contestó Guillermina acariciando a su gato-. Tiene muchas ganas de jugar hoy. -¡Estupendo! -exclamó Constanza-. Bruno también tiene muchas ganas de divertirse. ¿Qué juegos podemos hacer? -Bueno...

podríamos jugar a buscar la pelota -sugirió Guillermina-, pero no tenemos una pelota... -No importa -dijo Constanza pensativa-. Podemos usar una piedra redonda como si fuera una pelota.

Así fue como comenzaron a jugar a buscar la —"pelota"  con Bruno y Pelusa persiguiéndola sin descanso. Se divirtieron mucho hasta que algo inesperado pasó: la —"pelota"  se cayó en un agujero profundo que había en el campo. -¡Oh no! ¡Se nos cayó la —"pelota" ! -exclamó Constanza preocupada-.

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¿Qué vamos a hacer ahora? Guillermina miraba hacia el agujero tratando de encontrar alguna solución, cuando de repente se le ocurrió una idea. -¡Ya sé! -dijo Guillermina emocionada-. Podemos hacer una cuerda con las plantas que hay por aquí y bajar a buscarla.

Constanza la miró sorprendida pero luego sonrió, pensando que era una gran idea. Así que se pusieron manos a la obra, recolectando plantas y trenzándolas hasta formar una cuerda resistente.

Finalmente lograron bajar al fondo del agujero, donde encontraron no solo la —"pelota" , sino también un nido de pájaros abandonado. Decidieron llevarlo consigo para cuidarlo y protegerlo en su casa. Al llegar a casa de Constanza, mostraron el nido a sus padres y les contaron todo lo sucedido.

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Todos quedaron impresionados por la valentía y creatividad de las niñas. A partir de ese día, Constanza y Guillermina aprendieron que siempre había soluciones creativas para los problemas y que trabajar juntas podía llevarlas muy lejos.

Además, prometieron seguir cuidando del nido de pájaros juntas como un recordatorio de aquella aventura inolvidable.

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