El ritmo de mi corazón


Leo era un chico muy especial. Desde que se levantaba hasta que se acostaba, siempre tenía sus auriculares puestos y la música sonando a todo volumen en sus oídos.

Era su manera de vivir la vida al ritmo de la música. Un día, después de escuchar su canción favorita por enésima vez, Leo cerró los ojos y se quedó dormido.

Y entonces algo extraño sucedió: empezó a soñar que estaba en un lugar desconocido y lleno de colores brillantes y formas extrañas. Pero lo más curioso fue cuando intentó moverse: no podía hacerlo si no era al ritmo de una música misteriosa que sonaba en el ambiente.

Al principio se sintió frustrado, pero luego comenzó a disfrutar del desafío de seguir el compás y encontrar nuevas maneras de moverse. De repente, apareció un personaje peculiar frente a él. Era una especie de hada con alas multicolores y una pequeña varita mágica en su mano.

- Hola Leo -dijo el hada-. Soy la guardiana del ritmo musical. He venido para enseñarte algo muy importante. - ¿Qué es? -preguntó Leo fascinado por la presencia del hada.

- Que la vida es como una gran canción -explicó ella-. Tiene momentos lentos, rápidos, tristes, felices... y para disfrutarla plenamente hay que aprender a bailar al ritmo de cada uno de ellos. Leo entendió perfectamente lo que quería decirle el hada.

Siempre había pensado que solo existían las canciones movidas y divertidas, pero ahora comprendía que también había belleza en las melodías suaves y tristes.

El hada le hizo un regalo: una pequeña flauta mágica que solo podía ser tocada por aquellos que sabían escuchar la música del mundo. Leo la tomó con cuidado y sopló suavemente, creando una canción única que expresaba todo lo que había aprendido en su sueño. Cuando despertó, se dio cuenta de que algo había cambiado dentro de él.

Ya no solo quería escuchar música, sino también crearla y compartirla con los demás.

Y así comenzó una nueva aventura para Leo, llena de ritmo y armonía, donde cada día era una oportunidad para aprender a bailar al son de la vida.

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