El sueño de Toto

A Toto siempre le ha gustado el auto negro del Abuelo Toti. Cada vez que lo veía, sus ojos se iluminaban y su corazón latía más rápido. Soñaba con poder manejarlo algún día.

Un día, mientras estaba jugando en el jardín de la casa del Abuelo Toti, vio al auto estacionado en la entrada. No pudo resistirse y se acercó para admirarlo de cerca.

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De repente, escuchó una voz detrás de él:- ¿Te gusta mi auto, Toto? Se dio vuelta sorprendido y vio al Abuelo Toti sonriendo. - Sí, abuelo -respondió Toto-. Me encanta tu auto. ¿Puedo subirme? - Claro que sí -dijo el Abuelo Toti-.

Pero antes te voy a enseñar cómo funciona. El Abuelo Toti le explicó todo sobre los pedales, las marchas y el volante. Le mostró cómo encenderlo y apagarlo correctamente. Toto estaba fascinado por todo lo que aprendía.

Finalmente llegó el momento esperado: ¡Toto iba a conducir el auto negro! Con un poco de ayuda del Abuelo Toti, logró arrancar el motor y comenzar a moverse lentamente por la calle. - ¡Estoy manejando un auto! -exclamaba emocionado Toto mientras sujetaba firmemente el volante.

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Pero entonces ocurrió algo inesperado: un perro se cruzó en medio del camino y Toto no supo cómo reaccionar. El auto chocó contra una pared cercana y quedó bastante dañado.

Toto estaba triste pero también había aprendido una valiosa lección: manejar un auto es una gran responsabilidad y requiere mucha atención y cuidado. El Abuelo Toti lo consoló y le aseguró que todos cometemos errores, pero lo importante es aprender de ellos.

Desde entonces, Toto se convirtió en un chico más responsable y cuidadoso. Aprendió a valorar la importancia del respeto por las normas de tránsito y siempre recordaba las enseñanzas del Abuelo Toti cada vez que veía el auto negro.

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Y aunque nunca volvió a conducirlo, sabía que algún día podría hacerlo con seguridad y responsabilidad.

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