El valiente enfrentamiento de Martín contra la oscuridad


Martín era un niño valiente y curioso, pero tenía un gran miedo: la oscuridad. Cada noche, al apagar la luz, sentía un escalofrío recorriendo su cuerpo y su imaginación se disparaba, creando sombras tenebrosas en cada rincón de su habitación. Martín solía esconderse bajo las sábanas, convencido de que era el único lugar seguro en el que ninguna sombra oscura podía alcanzarlo.

Un día, su abuela, una mujer sabia y amorosa, notó el temor de Martín y decidió ayudarlo.

-'Martín, ¿sabías que la oscuridad en realidad es amiga de la luz? Sin la oscuridad, no podríamos disfrutar del brillo de las estrellas en el cielo ni de la calma de la noche', le explicó con ternura.

Martín, incrédulo pero interesado, le pidió a su abuela que le enseñara a ver la oscuridad de esa manera. Ella aceptó con una sonrisa y juntos emprendieron un fascinante viaje por el mundo de la noche.

Descubrieron que la oscuridad tenía matices y secretos que solo se revelaban cuando uno se animaba a explorarla. En la penumbra, Martín vio cómo las luciérnagas bailaban con destellos brillantes, cómo los animales nocturnos cantaban melodías misteriosas y cómo la luna pintaba el cielo de plata. Poco a poco, su miedo se fue transformando en admiración y respeto hacia ese otro mundo que solo la oscuridad podía revelar.

Una noche, Martín se despertó sobresaltado con una tormenta que había apagado todas las luces de su casa. Antes, esto le hubiera provocado un ataque de pánico, pero esta vez, algo en su interior había cambiado. Con valentía, tomó una linterna y recorrió su hogar en completa oscuridad, descubriendo que ya no sentía miedo, sino una sensación de aventura y descubrimiento.

Desde ese día, Martín dejó de temer a la oscuridad, convirtiéndose en un pequeño explorador del mundo nocturno. Comprendió que la oscuridad no era su enemiga, sino su aliada, y que en su profundidad podía encontrar belleza y secretos que la luz del día le ocultaba.

La valentía de Martín inspiró a otros niños a mirar la oscuridad con otros ojos, convirtiendo su miedo en curiosidad y su temor en asombro. Juntos, exploraron el universo nocturno, descubriendo maravillas y aprendiendo que no hay que temer a lo desconocido, sino abrazarlo con valentía y amor.

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