El valor de la amistad



Mufeti se despertó de mal humor. Todo le parecía aburrido y sin sentido. No quería levantarse de la cama, ni desayunar, ni ir a la escuela. Su mamá, al verlo así, decidió hacer algo para animarlo.

"¿Qué tal si hacemos juntos un desayuno especial?", le propuso su mamá. Mufeti frunció el ceño y respondió con voz gruñona: "No tengo hambre". Pero su mamá no se dio por vencida tan fácilmente.

Sabía que a Mufeti le encantaba cocinar, así que comenzaron a preparar panqueques con forma de dinosaurios. Mientras tanto, Wily estaba terminando su tarea de matemáticas en la mesa del comedor. Él notó que Mufeti estaba triste y decidió ayudar también.

"¿Quieres que te ayude con las tareas o jugamos un rato antes de ir a la escuela?", ofreció Wily. Mufeti finalmente sonrió ante esa idea y aceptó jugar un rato con su hermano mayor.

Después del juego, mientras se alistaban para salir hacia la escuela, Mufeti seguía pensativo y preocupado. Pero entonces recordó algo importante:"Hoy es el cumpleaños de mi mejor amigo Tomi", dijo Mufeti emocionado pero luego volviendo a poner cara triste agregó: "pero no sé qué regalarle".

Su mamá tuvo una idea brillante: "Podrías hacerle una tarjeta hecha por ti mismo". Así fue como Mufeti pasó toda la mañana dibujando y coloreando una hermosa tarjeta para su amigo Tomi.

Cuando finalmente llegaron a la escuela, Mufeti se sintió un poco más feliz. Se despidió de su mamá y hermano con un abrazo y la promesa de contarles cómo le había ido en el colegio.

Pero cuando llegó al salón, se dio cuenta de que había olvidado la tarjeta en casa. Su ánimo volvió a caerse. "¿Qué voy a hacer ahora?", se lamentaba Mufeti. Pero entonces recordó algo importante: aunque no tenía la tarjeta físicamente, sí podía llamar a Tomi para desearle feliz cumpleaños por teléfono.

Y así lo hizo. Cuando llamó a su amigo, éste estaba muy contento y emocionado de recibir una llamada sorpresa en su cumpleaños.

Mufeti se sintió muy bien al haber alegrado el día de su amigo con ese pequeño gesto. Por fin entendió que no necesitaba cosas materiales para ser feliz o hacer felices a los demás. Simplemente necesitaba amor, creatividad y disposición para ayudar y ser amable con los demás.

Cuando regresó del colegio, encontró una sorpresa más: su mamá había preparado una cena especial con sus platillos favoritos como premio por haber sido tan bueno en el colegio y tan amable con Tomi.

Mufeti aprendió esa tarde que siempre hay motivos para sonreír si uno está dispuesto a buscarlos. Y desde entonces decidió empezar cada día pensando en las cosas buenas que le esperaban por delante.

FIN.

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