El valor de la amistad sobre la venganza


Hernán era un niño alegre y entusiasta que disfrutaba coleccionando figuritas. Solía pasar horas intercambiando figuritas con sus amigos después de la escuela. Sin embargo, un día sucedió algo que cambiaría su perspectiva sobre la amistad y la venganza. Cuando Hernán mostraba orgulloso su figurita preferida, una brillante y reluciente figura de un superhéroe, su amigo Lucas la tomó sigilosamente y huyó con ella. Hernán se sintió indignado y furioso, pero en lugar de resolver el conflicto con diálogo, dejó que su ira lo consumiera y decidió vengarse.

Hernán esperó el momento propicio para actuar. Planeó quitarle a Lucas su figurita más valiosa en represalia. Así que un día, durante el recreo, se aproximó sigilosamente a la mochila de Lucas y tomó su ansiada figurita. Sintió un fugaz triunfo, pero luego percibió un nudo en su estómago. Hernán no se sentía bien con su decisión.

Esa noche, incapaz de conciliar el sueño, Hernán reflexionó en silencio. Se dio cuenta de que, aunque había obtenido su venganza, se sentía aún peor. El remordimiento lo invadía. Al día siguiente, decidió hablar con Lucas y contarle lo sucedido. Al inicio, Lucas se sintió herido y traicionado, pero luego de escuchar a Hernán, entendió su error. Juntos, decidieron hablar con un adulto para resolver el conflicto. Los dos amigos se disculparon y se comprometieron a ser más considerados y a valorar su amistad por encima de las figuritas.

Desde ese día, Hernán aprendió que la venganza no trae paz ni felicidad. Aprendió que la verdadera valentía radica en perdonar y en buscar soluciones pacíficas. Además, descubrió que la amistad es mucho más valiosa que cualquier colección de figuritas. Hernán y Lucas fortalecieron su amistad y aprendieron que los lazos de camaradería son una prioridad sobre el deseo de venganza. Ambos continuaron intercambiando figuritas, pero esta vez, lo hacían con un nuevo sentido de respeto y amistad.

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