El vidrio roto


Era un día soleado en el barrio y un grupo de amigos se reunió en el parque para jugar a la pelota.

Entre risas y gritos, pateaban la pelota con entusiasmo, hasta que de repente, un mal golpe envió la pelota directo hacia la ventana de la vecina Agustina. El sonido del vidrio rompiéndose los paralizó. -¡Corramos! -gritó Juan, el líder del grupo. Rápidamente, se dispersaron y cada uno volvió a su casa con miedo a las consecuencias.

Mientras tanto, la señora Agustina, una anciana amable pero estricta, salió de su casa y observó el desastre. Llamó a los padres de los niños y les informó lo ocurrido. Los padres, avergonzados, decidieron reunir a los niños al día siguiente.

-Chicos, romper la ventana de la vecina fue un error grave -comenzó a hablar el papá de Juan. -¿Por qué no fuisteis a disculparos? -preguntó la mamá de María. Los niños, avergonzados, contaron que tuvieron miedo de afrontar las consecuencias.

-Lo sé, la señora Agustina parece seria, pero es una buena vecina. Les enseñaré algunas lecciones que espero les permita aprender de esta experiencia -dijo la mamá de Juan.

Durante los próximos días, los niños ayudaron a la señora Agustina con la limpieza y el jardín, aprendiendo sobre la importancia de ayudar a los demás y asumir responsabilidades. También organizaron una colecta de fondos para reparar la ventana dañada.

Finalmente, la señora Agustina, conmovida por el esfuerzo y la bondad de los niños, les agradeció con una merienda en su jardín. Desde ese día, los niños aprendieron a enfrentar sus miedos, a asumir responsabilidades y a valorar la importancia de la empatía y la solidaridad.

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