Emociones en acción

Había una vez en un pequeño pueblo llamado Alegría, un grupo de emociones que vivían juntas en la mente de un niño llamado Lucas. Cada emoción tenía su propio color y personalidad única.

La más grande y brillante era Alegría, siempre sonriente y llena de energía. A su lado estaba Tristeza, quien a veces se sentía apagada y lloraba lágrimas azules.

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En el otro extremo del espectro estaba Enojo, un personaje rojo como la lava volcánica que soltaba humo por las orejas cuando se enfadaba. También estaban Miedo, un personaje verde que temblaba ante cualquier situación nueva, y Asco, una criatura verde con cara de disgusto ante ciertos olores o sabores desagradables.

Las emociones convivían en armonía dentro de Lucas hasta que un día ocurrió algo inesperado: Lucas perdió su juguete favorito en el parque. Inmediatamente Alegría tomó el control e intentó animar a Lucas diciendo: "No te preocupes, seguro lo encontraremos".

Pero Tristeza intervino diciendo: "¡Oh no! Perdimos tu juguete favorito". Esto hizo que Enojo se enfureciera y gritara: "¡Esto no puede estar pasando!" Mientras tanto, Miedo temblaba sin cesar pensando en cómo iban a enfrentarse al problema.

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En ese momento apareció Esperanza, una emoción naranja con alas doradas. Con su voz dulce les dijo a todas las emociones: "Tranquilos chicos, podemos trabajar juntos para ayudar a Lucas a encontrar su juguete".

Las emociones se miraron entre sí, sorprendidas por la aparición de Esperanza. Pero decidieron escucharla y siguieron sus palabras. Alegría tomó la iniciativa y comenzó a buscar en todos los rincones del parque.

Tristeza, en lugar de quedarse triste, empezó a llorar lágrimas azules que dejaban un rastro para no perderse. Enojo utilizó su energía para mover objetos y buscar debajo de bancos. Miedo superó sus temores e investigó lugares oscuros con valentía. Y Asco descubrió pistas olfateando el aire.

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Después de una búsqueda exhaustiva, finalmente encontraron el juguete perdido escondido detrás de unos arbustos. Alegría saltaba de felicidad mientras Tristeza sonreía al ver la alegría en Lucas cuando le devolvieron su querido juguete.

Desde ese día, las emociones entendieron que todas tenían un papel importante en la vida de Lucas. Aprendieron a trabajar juntas y a respetar los sentimientos del niño sin importar cuál fuera. Lucas también aprendió mucho gracias a sus emociones.

Comprendió que era normal sentirse triste o enfadado en ciertas situaciones, pero siempre había alguien allí para ayudarlo a superar esos momentos difíciles. Y así, Lucas creció rodeado de emociones equilibradas y felices que lo acompañaban en cada experiencia nueva que vivía.

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