Fernando y el Montacargas Travieso


Había una vez un niño llamado Fernando, que trabajaba en el almacén de su tío. Un día, mientras estaba a cargo de cargar cajas con un montacargas, decidió no seguir el protocolo de seguridad. Lleno de prisa y emoción, ignoró las reglas y comenzó a subir las cajas de manera desordenada y rápida, sin asegurarse de que estuvieran bien colocadas. De repente, el montacargas comenzó a tambalearse y las cajas cayeron provocando un gran estruendo. Fernando se asustó y, antes de que pudiera hacer algo, el montacargas volcó y él cayó al suelo.

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Fernando se levantó con miedo y dolor. Afortunadamente, no se había lastimado gravemente, pero su orgullo estaba herido. Vio todo el desorden y se dio cuenta de lo mal que había actuado al no seguir las reglas de seguridad. Se sintió avergonzado y arrepentido de su comportamiento.

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Decidió contarle la verdad a su tío, quien lo escuchó con atención y preocupación. Su tío le explicó lo importante que es seguir las reglas de seguridad, no solo para protegerse a sí mismo, sino también para cuidar a los demás. Le recordó que el montacargas es una herramienta poderosa que debe ser manejada con responsabilidad.

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Fernando se propuso aprender de su error. Comenzó a estudiar y practicar sobre el correcto manejo del montacargas, siempre siguiendo las normas de seguridad. Le pidió a su tío una segunda oportunidad para demostrar que podía hacerlo bien.

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Poco a poco, Fernando se convirtió en un experto en el manejo del montacargas. Demostró que podía ser cuidadoso, responsable y respetuoso de las reglas de seguridad. Su tío, orgulloso de su cambio, lo felicitó y le recordó lo importante que es aprender de los errores.

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Desde ese día, Fernando comprendió que la seguridad y la responsabilidad van de la mano, y que no seguir las reglas puede poner en riesgo su vida y la de los demás. Siempre recordó la lección que aprendió con el montacargas aquel día, y se convirtió en un ejemplo para todos en el almacén.

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