Fuegos en la noche


Había una vez en una ciudad muy lejana, llamada Ciudad Animalia, donde todos los animales vivían en armonía y felicidad. En la víspera de Año Nuevo, se celebraba una gran fiesta en el parque central.

Los animales estaban emocionados por la llegada del nuevo año y todos querían disfrutar de los fuegos artificiales. En ese parque había un grupo de aves muy valientes y aventureras llamadas Marco, Rol, Rubi, Room y Rimi.

También había un grupo de perritos juguetones y traviesos que se hacían llamar Hachi, Miley, Kiara, Rali y Tomy. Los animalitos estaban ansiosos por ver los juegos pirotécnicos que iluminarían el cielo nocturno.

Sin embargo, a medida que el momento se acercaba, comenzaron a sentir miedo. Las explosiones fuertes y los destellos brillantes les daban temor. Marco era el líder del grupo de aves y decidió tomar cartas en el asunto.

Se acercó a sus amigos perritos para hablarles sobre su preocupación:- ¡Hola chicos! ¿Están listos para la fiesta de Año Nuevo? - preguntó Marco con entusiasmo. - Sí, pero... tenemos miedo de los fuegos artificiales - respondió Hachi tímidamente. - Entiendo cómo se sienten - dijo Marco comprensivo -.

Pero no podemos dejar que nuestro miedo arruine nuestra diversión. Tenemos que enfrentarlo juntos. Los demás animales asintieron con incertidumbre pero confiando en las palabras sabias de Marco.

Decidieron que, en lugar de alejarse de los fuegos artificiales, buscarían una solución para superar su miedo. Rali tuvo una idea brillante. Recordó haber visto en la televisión un programa sobre cómo los animales se acostumbraban a los ruidos fuertes y las explosiones.

Propuso que practicaran con sonidos similares antes del espectáculo de Año Nuevo. - ¡Eso es genial! - exclamó Miley emocionada -. Podemos hacer nuestros propios fuegos artificiales con sonidos más suaves y gradualmente ir aumentando el volumen para acostumbrarnos.

Todos estuvieron de acuerdo y comenzaron a buscar objetos que pudieran utilizar para crear sus propios "fuegos artificiales". Marco encontró unas ramitas secas que podrían chocar entre sí, haciendo un ruido similar a un petardo.

Rimi encontró piedras pequeñas que al caer producían un efecto similar al estallido de cohetes. Comenzaron su entrenamiento utilizando estos objetos improvisados. Al principio, todos se sobresaltaban con cada ruido, pero poco a poco fueron perdiendo el miedo.

Con cada práctica, iban aumentando el nivel de intensidad hasta sentirse cómodos con los verdaderos fuegos artificiales. Llegó la noche del 31 de diciembre y la fiesta estaba en pleno apogeo.

Los animalitos se reunieron junto a sus amigos humanos para disfrutar del espectáculo pirotécnico desde una distancia segura. Cuando los primeros fuegos artificiales iluminaron el cielo nocturno con colores vibrantes y destellos brillantes, Marco, Rol, Rubi, Room, Rimi, Hachi, Miley, Kiara, Rali y Tomy miraron con asombro. Ya no sentían miedo.

Se dieron cuenta de que habían superado su temor gracias a su valentía y trabajo en equipo. Juntos aplaudieron y celebraron el comienzo del nuevo año.

Estaban orgullosos de sí mismos por haberse enfrentado a sus miedos y disfrutar de la fiesta sin preocupaciones. Desde ese día, los animalitos se convirtieron en un ejemplo para todos los demás habitantes de Ciudad Animalia. Aprendieron que cuando trabajan juntos y enfrentan sus miedos, pueden lograr cualquier cosa.

Y así fue como Marco, Rol, Rubi, Room, Rimi, Hachi, Miley, Kiara, Rali y Tomy vivieron una experiencia inolvidable que les enseñó el valor de la amistad y la superación personal.

Siempre recordarían esa noche como el momento en que descubrieron que no hay nada más poderoso que creer en uno mismo.

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