Isabella y la casa de sus abuelos


Isabella era una niña tímida y de pocos amigos. Sus trenzas eran tan largas que parecían las líneas del tren que pasaba cerca de la casa de sus abuelos todos los días. Isabella adoraba visitar a sus amados abuelos, a quienes llamaba cariñosamente 'viejito' y 'viejita'. Pasaba largas horas en el patio de la casa, donde jugaba y exploraba cada rincón.

Un día, mientras Isabella jugaba en el patio, descubrió un viejo cofre escondido entre las plantas. Con gran emoción, lo abrió y encontró un hermoso libro de cuentos. Al abrirlo, una nube de polvo de hadas salió de sus páginas y envolvió a Isabella.

- ¡Qué maravilla! -exclamó Isabella emocionada.

De repente, una pequeña hada apareció ante ella.

- Hola, soy Lila, la hada de los cuentos -dijo la diminuta criatura con una brillante sonrisa.

Isabella no podía creer lo que veía. Lila le explicó que el libro tenía el poder de transportarla a diferentes mundos mágicos, donde viviría emocionantes aventuras.

- ¿Quieres venir conmigo a un mundo de fantasía? -preguntó Lila emocionada.

- ¡Sí, por supuesto! -respondió Isabella entusiasmada.

Sin dudarlo, Isabella tomó la mano de Lila y juntas saltaron dentro del libro.

De repente, se encontraron en un hermoso prado lleno de flores de colores brillantes y árboles frondosos. Todo a su alrededor parecía sacado de un cuento de hadas.

- ¡Es increíble! -exclamó Isabella maravillada.

Lila le explicó que en ese mundo mágico debían ayudar a resolver un problema muy importante: el reino estaba sumido en la tristeza porque habían olvidado cómo reír. Isabella y Lila emprendieron entonces un viaje en busca de la risa perdida. Durante su travesía, conocieron criaturas extraordinarias y superaron diferentes desafíos.

Finalmente, con ingenio y valentía, Isabella logró devolver la risa al reino, compartiendo su alegría y positividad con todos sus habitantes.

Al finalizar su aventura, Isabella se despidió de Lila y regresó al patio de la casa de sus abuelos. Guardó el libro en el cofre, sabiendo que siempre podría volver a vivir emocionantes aventuras en los mundos mágicos.

Desde ese día, Isabella comprendió que su imaginación y valor la convertían en una niña especial. Encontró en su interior la fuerza para hacer amigos y compartir la alegría que había descubierto en sus viajes mágicos. Así, Isabella dejó de sentirse sola y disfrutó de su infancia rodeada de amor y aventuras.

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