Juliancito el travieso y la magia de las emociones


Había una vez en un pequeño pueblo de Argentina, un niño llamado Juliancito. Era conocido por ser muy travieso y siempre metido en problemas. Un día, mientras jugaba en el parque, Juliancito se cayó y se lastimó el brazo.

Lloraba desconsoladamente, pero su abuela, Doña Marta, se acercó y le preguntó: -¿Qué sientes, Juliancito? -No sé, abuela, me duele mucho -respondió Juliancito.

La abuela le explicó que lo que sentía se llamaba dolor, que era una emoción que le indicaba que algo no estaba bien en su cuerpo. Esta conversación despertó la curiosidad de Juliancito. A partir de ese día, comenzó a prestar más atención a sus emociones, reconociéndolas y expresándolas.

Descubrió que sentir miedo, alegría, tristeza o enojo era parte de ser humano. Con el paso del tiempo, Juliancito se convirtió en un experto en comprender y manejar sus emociones, lo que le ayudó a ser más empático y a tener mejores relaciones con los demás.

Además, su travesuras se redujeron considerablemente, ya que aprendió a expresar lo que sentía en lugar de actuar impulsivamente. La historia de Juliancito se convirtió en un ejemplo para los demás niños del pueblo, quienes también aprendieron a reconocer y expresar sus emociones.

Juliancito, con su nueva sabiduría, se convirtió en un verdadero líder entre sus amigos, promoviendo la importancia de vivir en armonía consigo mismos y con los demás.

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