La búsqueda de los plátanos perdidos

Había una vez en la selva un par de amigos monitos muy traviesos y curiosos llamados Tito y Lola.

Un día, mientras jugaban entre los árboles, escucharon a lo lejos sobre un castillo misterioso donde se decía que había plátanos deliciosos guardados por un ogro malvado. Tito, el más valiente de los dos, propuso ir en busca de esos plátanos para disfrutarlos juntos. Lola, aunque un poco asustadiza, confiaba en su amigo y aceptó la aventura con entusiasmo.

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Los dos monitos emprendieron entonces su viaje hacia el castillo. El camino estaba lleno de obstáculos: cruzaron ríos saltando de piedra en piedra, se escondieron de una serpiente gigante y hasta tuvieron que hacer equilibrio sobre un tronco resbaladizo.

Pero juntos lograron superar cada desafío. Finalmente llegaron al imponente castillo custodiado por el temible ogro. Tito y Lola se escondieron detrás de unos arbustos para planear su estrategia.

Observaron al ogro con sus grandes ojos brillantes mientras comía plátanos con avidez. "Tenemos que ser astutos para conseguir algunos plátanos sin despertar al ogro", susurró Tito a Lola. "¡Sí! Podemos esperar a que se duerma la siesta y luego acercarnos sigilosamente", respondió Lola emocionada.

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Así fue como esperaron pacientemente hasta que el ogro cayó rendido por el cansancio y empezó a roncar fuertemente. Con mucho cuidado, los monitos ingresaron al castillo y tomaron unos cuantos plátanos para llevar consigo.

Pero justo cuando estaban por salir, el piso crujió bajo sus patitas alertando al ogro quien despertó furioso. Los monitos corrieron tan rápido como pudieron siendo perseguidos por el ogro colérico.

El escape fue trepidante: subieron escaleras corriendo, pasaron por laberintos oscuros evitando trampas ingeniosas del castillo hasta llegar a la salida justo a tiempo antes de ser atrapados por el ogro enfurecido. Ya fuera del peligroso castillo, Tito y Lola celebraron su hazaña riendo juntos.

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Se sentían felices no solo por haber conseguido los ansiados plátanos sino también por haber fortalecido su amistad en medio de la aventura. "¡Qué emoción! ¡Pero nunca más volvamos allí!", dijo Lola jadeando aún nerviosa pero sonriente.

"¡Claro! Juntos podemos superar cualquier desafío", afirmó Tito orgulloso abrazando a su amiga monita.

Y así, entre risas y complicidad, los dos amigos monitos regresaron a casa disfrutando cada bocado dulce de los plátanos robados del castillo misterioso; sabiendo que siempre tendrían uno al otro para vivir nuevas aventuras inolvidables juntos en la selva.

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