La Casa Embrujada


Había una vez una casa embrujada en lo alto de la colina. Había un misterio en torno a ella, ya que todos decían que había extraños sonidos por las noches y que se veían sombras misteriosas en sus ventanas.

Un día, tres valientes amigos, Martina, Lucas y Lola, decidieron explorar la casa embrujada. Al acercarse, vieron que había muchas ventanas rotas, y las paredes eran más altas que cualquier otra casa que habían visto.

"¿Creen que habrá fantasmas adentro?", preguntó Lucas, con miedo en sus ojos. "¡No le tengas miedo!", dijo Martina con valentía. "Bueno, pero no sé...", respondió Lola, titubeando. Decidieron entrar con cuidado.

Al principio, la casa parecía normal, pero a medida que avanzaban, notaron que las habitaciones estaban cada vez más polvorientas y desordenadas. "¡Qué desastre! Esta casa está más descuidada que la casa de la bruja del bosque", exclamó Lola. De repente, escucharon un ruido fuerte que venía del piso de arriba.

Temerosos, subieron las escaleras lentamente. Al llegar al último piso, vieron una puerta entreabierta. Con mucho valor, empujaron la puerta y encontraron una habitación llena de luz, con libros, juguetes y cuadros.

"¡No puede ser! ¡Esta es la habitación de un niño!", exclamó Lucas sorprendido. Descubrieron que la casa había sido abandonada hacía mucho tiempo, y que en realidad no estaba embrujada. Era solo un lugar olvidado lleno de historia.

Decidieron limpiarla y restaurarla para convertirla en un lugar donde todos los niños del pueblo pudieran jugar y divertirse. Y así, la casa embrujada se transformó en la casa más feliz y llena de vida de la colina.

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