En una casa muy especial, vivía una familia extraordinaria: papá, Ana y Lucas.
Mamá, la más valiente de todas, tenía un sueño secreto: convertirse en piloto espacial.
Pero para lograrlo, necesitaba estudiar mucho y practicar con simuladores.
Papá, siempre comprensivo, se encargó de las tareas de la casa y del cuidado de los niños.
Ana, la mayor, ayudaba con la limpieza y preparaba la cena.
Lucas, el más pequeño, se encargaba de poner la mesa y recoger sus juguetes.
Todas las noches, después de cenar, mamá se ponía a estudiar.
Ana y Lucas la acompañaban, dibujando cohetes y planetas en sus cuadernos.
Papá les leía cuentos sobre astronautas y estrellas.
Un día, mamá recibió una carta: ¡había sido aceptada en la Academia Espacial!
Toda la familia saltó de alegría.
Mamá se despidió con un abrazo fuerte y prometió volver pronto.
Papá, Ana y Lucas continuaron con su rutina, pero ahora con un nuevo objetivo: apoyar a mamá en su sueño.
Papá cocinaba sus platos favoritos, Ana le escribía cartas llenas de dibujos y Lucas le enviaba besos al cielo.
Meses después, mamá regresó a casa convertida en una verdadera piloto espacial.
Llevaba un traje azul brillante y una gran sonrisa.
Ana y Lucas corrieron a abrazarla, orgullosos de su valiente mamá.
Desde ese día, la familia Espacial supo que todo era posible si trabajaban juntos y apoyaban los sueños de los demás.