La hormiga que quería tener amigos


Había una vez una pequeña hormiga llamada Anita, que vivía en un hermoso jardín. A diferencia de otras hormigas, Anita no tenía amigos. Siempre se sentía sola y triste. Observaba a las demás hormigas jugar y trabajar juntas, y anhelaba tener amigos con quienes compartir hermosos momentos. Un día, decidió emprender un viaje en busca de la amistad que tanto anhelaba. En su travesía, conoció a diferentes insectos del jardín, como la mariquita Lucas, la abeja Valeria y la araña Matías. A pesar de su simpatía y buen corazón, Anita parecía no lograr entablar una sincera amistad.

Desanimada, Anita se detuvo en un claro del jardín. Fue entonces cuando escuchó el triste cantar de una lombriz llamada Loli. Anita se acercó a ella y le preguntó qué le sucedía. Loli le contó que se sentía sola y que nunca había tenido amigos. Anita le ofreció su amistad, y juntas emprendieron un viaje en busca de otros insectos que quisieran unirse a su grupo. Con su alegría y disposición, lograron formar un hermoso círculo de amigos, donde cada uno aportaba su propia luz y habilidades.

Finalmente, Anita entendió que la verdadera amistad no se busca, se construye. Aprendió que la individualidad enriquece las relaciones y que no hay una fórmula mágica para encontrar amigos, sino que es necesario ser auténtico y brindar amor y compañía a los demás. El jardín se llenó de risas y alegría, y Anita, que alguna vez se sintió sola, descubrió que la amistad verdadera es un tesoro que se cultiva con paciencia, cariño y reciprocidad.

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