La lección de Zephyr


Zephyr, un niño curioso y aventurero, estaba emocionado porque finalmente llegó el día en que partiría hacia su primer campamento en la naturaleza.

Había preparado todo con anticipación: su mochila con ropa, linterna, protector solar y sus binoculares para observar aves. Al estirarse para alcanzar la mochila que estaba colgada en la percha de la puerta de su habitación, Zephyr sintió ese molesto picor en las palmas de ambas manos.

Frunció el ceño y se rascó las manos intentando aliviar la sensación. Pensó que tal vez se debía a los nervios por la emoción del campamento.

"¡Mamá! ¿Sabías que me pican mucho las manos? ¡Es muy molesto!" -exclamó Zephyr mientras entraba corriendo a la cocina donde su mamá estaba preparando el desayuno. "Tranquilo Zephyr, seguro es solo una reacción alérgica leve a algo que hayas tocado. Voy a buscar una crema para ver si eso te ayuda" -respondió su mamá con calma.

Después de aplicarle un poco de crema hidratante en las manos, Zephyr notó que el picor comenzaba a disminuir lentamente. Agradecido, le dio un beso a su mamá y volvió a su habitación para terminar de prepararse para el campamento.

Ya en el autobús rumbo al campamento, Zephyr empezó a conocer a sus compañeros de grupo y se divirtió compartiendo historias y chistes durante todo el trayecto.

La emoción por lo desconocido lo invadía y se sentía feliz por estar rodeado de nuevos amigos. Al llegar al lugar del campamento, todos los niños fueron asignados a sus cabañas y comenzaron las actividades programadas.

Desde hacer fogatas hasta explorar senderos en el bosque, Zephyr disfrutaba cada momento como si fuera una gran aventura. Una noche, durante una caminata nocturna guiada por un monitor experto en vida silvestre, Zephyr tuvo la oportunidad única de escuchar los sonidos misteriosos del bosque bajo las estrellas.

Se maravillaba con cada detalle e intentaba recordarlo todo para contarlo después a su familia. Sin embargo, cuando regresaron a la cabaña esa noche, Zephyr notó nuevamente ese picor molesto en las palmas de sus manos. Esta vez era más intenso y no lograba calmarlo con nada.

Preocupado por arruinar su experiencia en el campamento, decidió hablar con uno de los monitores sobre lo que le ocurría. El monitor escuchó atentamente a Zephyr y revisó sus manos con cuidado.

Luego le preguntó:"¿Has estado tocando alguna planta desconocida o has manipulado algo nuevo últimamente?"Zephyr reflexionó unos segundos antes de recordar que había recogido unas bayas silvestres durante la caminata nocturna sin saber si eran seguras o no. "¡Sí! Recogí unas bayas moradas hace un rato...

" -respondió Zephyr tímidamente. El monitor sonrió comprensivamente y explicó que algunas plantas pueden causar irritaciones en la piel si se tocan sin protección adecuada; especialmente aquellas con espinas o sustancias irritantes como ciertas bayas venenosas.

Después de lavarse bien las manos y recibir un poco más de crema hidratante especializada del botiquín del campamento, Zephyr finalmente pudo descansar tranquilo esa noche sin sentir más picazón ni molestias.

Al día siguiente, durante el desayuno al aire libre junto al fuego crepitante de la fogata matutina, Zephyr compartió su historia con los demás niños advirtiéndoles sobre los peligros potenciales que podían encontrar en la naturaleza si no tenían cuidado.

Los monitores felicitaron a Zephyr por ser valiente al contarles lo ocurrido y le dieron un distintivo especial por ser consciente del entorno natural que lo rodeaba. A partir de ese día, todos los niños aprendieron juntos cómo protegerse adecuadamente mientras exploraban nuevas aventuras en el campamento.

Zephyr comprendió entonces que cada experiencia trae consigo enseñanzas importantes; incluso aquellas pequeñas molestias pueden convertirse en grandes lecciones si se aborda con curiosidad y responsabilidad.

Y así siguió disfrutando cada instante del campamento junto a sus nuevos amigos sabiendo ahora cómo cuidarse mejor dentro del fascinante mundo salvaje.

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