La Luna de Facundo



Había una vez en un pequeño pueblo de Argentina, un niño llamado Facundo que era muy curioso y soñador. Una noche, mientras caminaba por el campo con su perro Panchito, notó algo extraño en el cielo.

- ¡Mira Panchito, la luna se ve increíblemente grande esta noche! -exclamó Facundo emocionado. Panchito levantó las orejas y miró fijamente hacia arriba, asombrado por el tamaño gigantesco de la luna.

Juntos continuaron caminando bajo la luz plateada que iluminaba todo a su alrededor. Al llegar a casa, Facundo no podía dejar de pensar en la luna tan grande que había visto.

Se acostó en su cama y se puso a imaginar todo tipo de aventuras que podría vivir si pudiera viajar hasta allí. Al día siguiente, Facundo decidió compartir su descubrimiento con sus amigos del pueblo. Todos estaban sorprendidos por lo que les contaba e inmediatamente comenzaron a hacer planes para explorar juntos ese fenómeno tan especial.

- ¿Qué tal si construimos un cohete y viajamos hasta la luna? -propuso Valentina, la amiga más aventurera del grupo. Facundo y sus amigos se entusiasmaron con la idea y rápidamente se pusieron manos a la obra.

Con materiales reciclados y mucha creatividad, construyeron un cohete colorido y brillante que los llevaría directo hacia la luna. Llegó el momento del gran lanzamiento. Los niños abordaron el cohete con nerviosismo y emoción, listos para emprender su viaje espacial.

Con un rugido ensordecedor, el cohete despegó hacia lo desconocido dejando atrás una estela de colores brillantes. El viaje no fue fácil; atravesaron tormentas de asteroides y se perdieron en nebulosas misteriosas.

Pero gracias al trabajo en equipo y al espíritu valiente de cada uno, lograron llegar finalmente hasta la luna. Al poner pie en aquel mundo desconocido pero fascinante, los niños sintieron una mezcla de asombro y alegría indescriptibles.

Saltaron entre cráteres gigantes, jugaron con polvo lunar como si fuera nieve y contemplaron paisajes lunares nunca antes vistos por ojos humanos. Después de vivir mil aventuras increíbles en la luna, los niños decidieron regresar a casa antes del amanecer.

Abordaron nuevamente su cohete casero y emprendieron el regreso a toda velocidad mientras veían cómo el sol comenzaba a despuntar en el horizonte lunar. Al llegar al pueblo, todos los vecinos salieron a recibirlos con aplausos y sonrisas.

Habían sido testigos desde tierra firme del increíble viaje de Facundo y sus amigos hacia la enorme luna nocturna.

Desde ese día, cada vez que veían la luna brillando en lo alto del cielo argentino recordaban aquella maravillosa aventura espacial que habían vivido juntos gracias a su valentía e imaginación sin límites.

FIN.

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