La marioneta traviesa


Había una vez en un barrio de Buenos Aires, un astuto carpintero llamado Geppetto que pasaba sus días tallando marionetas en su acogedor taller. Un día, decidió crear una marioneta especial a la que llamó Pinocho.

Pero lo que Geppetto no sabía era que, al terminar de tallar a Pinocho, una hada traviesa le dio vida. Pinocho, recién nacido, era un rebelde desde el primer momento.

Su nariz crecía cada vez que mentía, y no le importaba decir una mentira tras otra para salirse con la suya. - 'Pinocho, hoy irás a la escuela', dijo Geppetto. Pinocho, con una sonrisa pícara, le respondió: - '¿Escuela? ¿Para qué? Yo quiero ir a la feria a divertirme'.

Y así, Pinocho escapó del taller y se fue a la feria, donde se la pasó comiendo, bebiendo y jugando sin parar. Al caer la noche, Pinocho regresó a casa, pero su nariz creció tanto que terminó por tropezar con ella.

Geppetto, preocupado, le dijo: - 'Pinocho, tu nariz te delata. Debes aprender a ser honesto'. Pero Pinocho no escuchaba. En otra ocasión, Pinocho conoció a un zorro y un gato malvados que lo engañaron para que se uniera a un espectáculo circense.

Pinocho, emocionado, aceptó la propuesta sin dudarlo. Sin embargo, cuando descubrió las verdaderas intenciones del dúo, intentó escapar, pero fue atrapado y casi convertido en leña por el malvado titiritero. Por suerte, el hada traviesa apareció para rescatarlo.

A partir de ese momento, Pinocho comenzó a comprender la importancia de ser sincero y bondadoso, y decidió enmendar sus malas acciones.

Con el tiempo, Pinocho finalmente se convirtió en un niño de verdad, demostrando que incluso la marioneta más traviesa puede cambiar si lo propone. Y así, Geppetto y Pinocho vivieron felices para siempre, aprendiendo juntos valiosas lecciones sobre la honestidad y la amistad.

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