En un hermoso bosque vivía una rana muy aventurera llamada Renata.
A diferencia de otras ranas, Renata no disfrutaba comer insectos, lo que la ponía triste y preocupada.
-"No entiendo por qué todas las demás ranas están tan felices comiendo insectos, a mí simplemente no me gustan", se quejaba Renata.
Un día, decidida a encontrar una solución a su problema, Renata emprendió un viaje por el bosque en busca de algo que le gustara comer.
Durante su travesía, conoció a otros animales del bosque como el zorro, el búho y el conejo, quienes le ofrecieron diferentes alimentos pero ninguno era de su agrado.
Después de un largo día de búsqueda, Renata se sintió desanimada y con hambre.
Pero justo cuando pensaba que no encontraría nada, escuchó el sonido del agua.
Siguió el ruido y descubrió un precioso estanque lleno de plantas acuáticas.
-"¡Esto es perfecto para mí!
Estas plantas son deliciosas, ¡y no son insectos!", exclamó Renata emocionada.
A partir de ese día, Renata disfrutó de su nueva dieta y se dio cuenta de que no necesitaba ser como las demás ranas.
Aprendió a ser fiel a sí misma y a buscar soluciones creativas a sus problemas.
La valiente aventura de Renata inspiró a otros animales del bosque a aceptar y respetar las diferencias de los demás.
Y desde entonces, Renata vivió feliz y satisfecha, compartiendo su sabiduría con quienes la rodeaban.