La salida de la cueva de Pacaritambo


Había una vez, en lo más profundo de los Andes, una cueva mágica llamada Pacaritambo. Según la leyenda, de esa cueva emergieron cuatro valientes hermanos y sus esposas, listos para emprender un gran viaje. Los hermanos se llamaban Ayar Manco, Ayar Cachi, Ayar Uchu y Ayar Auca, y sus esposas eran Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Raua y Mama Cura.

Un día, mientras jugaban cerca de la cueva, escucharon una misteriosa voz que les hablaba desde lo más profundo de la tierra. "Hermanos y hermanas, ha llegado el momento de emprender un viaje mágico hacia un lugar maravilloso", les dijo la voz. Los hermanos y sus esposas, emocionados y curiosos, decidieron seguir las indicaciones de la misteriosa voz.

Con valentía y determinación, comenzaron a caminar siguiendo las instrucciones de la voz. Pasaron por hermosos valles, ríos cristalinos y montañas imponentes. En el camino, enfrentaron desafíos y peligros, pero siempre unidos y valientes lograron superarlos.

Finalmente, después de muchas aventuras, llegaron a un hermoso valle, bañado por la luz del sol y lleno de vida. Era un lugar donde podrían construir un hogar y vivir en paz. Los hermanos y sus esposas, agradecidos por haber encontrado aquel paraíso, decidieron fundar una gran civilización, donde reinaría el amor, el respeto y la armonía.

Y así, gracias a su valentía, determinación y unión, Ayar Manco, Ayar Cachi, Ayar Uchu y Ayar Auca, junto a Mama Ocllo, Mama Huaco, Mama Raua y Mama Cura, fundaron la grandiosa ciudad del Cusco, cuna de la poderosa civilización inca. Su legado perdura hasta el día de hoy, recordándonos que con valentía y perseverancia, podemos alcanzar grandes sueños y construir un mundo mejor.

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