La sonrisa de Juan



Había una vez un niño llamado Juan que no le gustaba cepillarse los dientes. Pensaba que era una tarea aburrida y siempre encontraba excusas para evitar hacerlo.

Un día, mientras se miraba en el espejo, notó algo extraño en sus dientes. Parecían tener manchas blancas y amarillas, y al acercarse más vio pequeñas criaturas moviéndose en ellos. Juan se asustó mucho y corrió a contarle a su mamá lo que había visto.

Ella lo llevó al odontólogo, quien le explicó que esos bichitos eran bacterias dañinas que habían crecido debido a la falta de higiene bucal. "¡Oh no! ¿Qué puedo hacer?" -preguntó Juan con preocupación.

"Lo primero es empezar a cepillarte los dientes tres veces al día", respondió el dentista. "Y luego te voy a enseñar cómo usar hilo dental y enjuague bucal para mantener tus dientes limpios y saludables". Juan siguió las instrucciones del dentista al pie de la letra.

Al principio le costaba un poco acostumbrarse, pero después de unos días se dio cuenta de que no era tan malo como pensaba.

Además, cuando volvió a visitar al odontólogo unas semanas después, pudo ver cómo las manchas blancas habían desaparecido por completo. Pero la historia no termina ahí. Un día, mientras jugaba con sus amigos en el parque, Juan notó algo raro en uno de sus dientes: parecía estar moviéndose un poco.

"Mamá, ¡mi diente está flojo!" -exclamó con emoción. "¡Eso significa que estás creciendo!" -respondió ella con una sonrisa. "Es normal que los dientes de leche se caigan para dar paso a los dientes permanentes".

Juan estaba muy emocionado por tener un diente nuevo, pero también sabía que tenía que cuidarlo igual de bien que a sus otros dientes. Así que siguió cepillándose tres veces al día y visitando regularmente al dentista.

Un día, mientras estaba en la sala de espera del consultorio dental, Juan notó a otro niño llorando en el sillón del dentista. Le preguntó qué pasaba y el niño le explicó que tenía una caries muy grande y tenía miedo de que le doliera mucho cuando el dentista la arreglara.

Juan entendió perfectamente cómo se sentía ese niño, ya que él mismo había pasado por algo similar. Así que decidió hacer algo al respecto. "Tranquilo amigo", dijo Juan acercándose al niño.

"Yo también tuve miedo alguna vez, pero te aseguro que no duele tanto como parece. Además, si te cuidas bien los dientes desde pequeño, puedes evitar tener tantos problemas en el futuro". El niño miró a Juan con curiosidad y luego con admiración.

Y aunque todavía estaba nervioso por su cita con el dentista, se sintió más tranquilo sabiendo que alguien entendía cómo se sentía. Desde ese día en adelante, Juan se convirtió en un defensor de la salud bucal entre sus amigos y familiares.

Les enseñaba cómo cepillarse correctamente los dientes y les contaba sobre las bacterias dañinas y las caries.

Y aunque algunos se reían al principio, pronto se dieron cuenta de que Juan tenía razón y empezaron a cuidar mejor sus propios dientes. Así que si alguna vez te sientes tentado a saltarte el cepillado de dientes, recuerda la historia de Juan y piensa en las pequeñas criaturas que pueden estar creciendo en tu boca.

Y no olvides que cuidar tus dientes no solo es importante para tener una sonrisa bonita, sino también para mantener tu cuerpo sano y fuerte por muchos años.

FIN.

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