La venganza de Poseidón en la odisea


Había una vez en el mar Egeo, un valeroso navegante llamado Ulises, conocido por su astucia y valentía.

Sin embargo, Ulises había enfurecido al poderoso dios del mar, Poseidón, quien buscaba vengarse de él por haber herido a su hijo, el cíclope Polifemo. Por eso, en su travesía de regreso a Ítaca, Ulises se enfrentaría a innumerables peligros. Un día, Ulises y sus hombres divisaron la isla de la diosa Circe.

- ¡Miren esa isla! ¿Qué les parece si vamos a explorarla? - propuso Ulises. -No sé, capi, dicen que Circe es una hechicera peligrosa, mejor nos alejamos de aquí - advirtió uno de los marineros. Ulises, con su astucia, convenció a la tripulación de desembarcar para buscar provisiones.

Pronto, descubrieron que los manjares y bebidas que les ofrecía Circe estaban hechizados, y los hombres de Ulises fueron convertidos en animales por la malvada hechicera. Ulises, desesperado, pidió ayuda al dios Hermes, quien le entregó una hierba mágica para protegerlo.

Finalmente, Ulises logró que Circe deshiciera su hechizo y liberara a sus hombres. - Gracias, Hermes, por tu ayuda. Ahora es tiempo de enfrentar la venganza de Poseidón - reflexionó Ulises.

Decididos a continuar su viaje, Ulises y sus hombres zarparon nuevamente. En su travesía, se encontraron con las terribles sirenas que cantaban para atraer a los marineros y llevarlos a la perdición.

Sin embargo, Ulises, recordando el consejo de Circe, tapó los oídos de sus hombres con cera y se ató fuertemente al mástil, resistiendo el canto seductor de las sirenas.

Superando ese peligro, Ulises y su tripulación se enfrentaron a muchas más pruebas, como la amenaza de Escila y Caribdis, las trampas de los dioses, y las tentaciones de las lujuriosas hechiceras. Finalmente, tras años de penurias, Ulises llegó a su amada Ítaca, donde, con su inteligencia y valentía, logró vengarse de los pretendientes que habían invadido su hogar, recuperando su reino y su familia.

Poseidón, ante la demostración de la astucia y valentía de Ulises, finalmente dejó de perseguirlo, y la paz reinó en Ítaca una vez más.

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