Los niños de 2A y Caperucita Roja


Érase una vez en una escuela de un pequeño pueblo, los niños de 2°A estaban muy emocionados porque su maestra, la señorita Fabiana, les propuso hacer una obra de teatro sobre el cuento de Caperucita Roja.

Los niños estaban entusiasmados con la idea, y rápidamente comenzaron a preparar sus disfraces y a ensayar sus líneas. Cada uno de ellos quería destacarse en su papel. "¡Yo quiero ser Caperucita Roja!" exclamó Martín.

"¡Y yo quiero ser el lobo feroz!" agregó Tomás. Señorita Fabiana escuchó atentamente a todos y les asignó sus roles. Cuando llegó el día de la función, los padres y todos los alumnos se reunieron en el salón para ver la obra.

Los niños estaban nerviosos, pero también emocionados. En el bosque, los niños de 2°A, con sus trajes coloridos, representaban muy bien sus papeles, y la audiencia estaba encantada con la actuación.

De repente, cuando Caperucita Roja estaba en escena, el lobo feroz, que en realidad era el niño Tomás, apareció de entre los arbustos. Todos se sobresaltaron al verlo y algunos niños comenzaron a reír. Pero algo extraño sucedió, el lobo parecía realmente enojado y con malas intenciones. Los niños se miraron entre ellos, preocupados.

La señorita Fabiana, notando la tensión en el aire, decidió tomar acción. "¡Caperucita, escóndete!" gritó la señorita Fabiana mientras se acercaba al lobo con valentía. "¡No le hagas daño, lobo!" clamaron los niños.

El lobo, sorprendido por la reacción de los niños y la maestra, retrocedió y finalmente se disculpó, revelando que solo quería jugar y que no deseaba hacer daño a nadie.

Los niños, junto con la señorita Fabiana, le explicaron al lobo que la violencia no era la forma de divertirse, y que podían buscar otras maneras de jugar juntos. Con el problema resuelto, la obra de teatro continuó, y los niños de 2°A brillaron en sus papeles.

Después de la función, los padres y alumnos felicitaron a los niños por su valentía y astucia para resolver la situación.

Al día siguiente, la señorita Fabiana les propuso a los niños escribir un final alternativo para la historia, donde los personajes resolvieran los conflictos de manera pacífica y amigable. Los niños se entusiasmaron con la idea y pasaron toda la mañana creando un nuevo final para la historia.

En su versión, Caperucita Roja y el lobo se volvían amigos, y juntos iban a visitar a la abuela, llevándole flores y compartiendo una gran merienda. La señorita Fabiana estaba encantada con la creatividad y el espíritu positivo de sus alumnos.

Los niños aprendieron que, a veces, la violencia no es la solución y que la amistad y el diálogo pueden resolver cualquier conflicto. Desde entonces, los niños de 2°A llevaron consigo esta importante lección a lo largo de sus vidas.

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