Los ojos mágicos de Krissya


Había una vez en un pequeño pueblo de Argentina, una niña llamada Krissya. Lo especial de Krissya era que tenía unos ojos grandes y hermosos, tan grandes como dos luceros brillantes en el cielo nocturno.

Pero a pesar de su belleza, algunos niños del colegio se burlaban de ella por ser diferente. Un día, mientras caminaba triste hacia su casa después de la escuela, Krissya encontró un libro mágico abandonado en el parque.

Sin pensarlo dos veces, lo recogió y comenzó a leerlo. Para su sorpresa, las palabras cobraron vida y saltaron del libro formando personajes coloridos. El primer personaje que apareció fue Panchito, un pajarito muy divertido que podía hablar.

Panchito le dijo a Krissya: "¡Hola! Soy Panchito, el pájaro sabio. He venido aquí para ayudarte". Krissya sonrió emocionada y le contó a Panchito sobre las burlas y los comentarios hirientes que recibía por sus ojos grandes.

Panchito la miró con ternura y dijo: "Krissya, tus ojos son únicos y especiales. Son como lentes mágicos que te permiten ver más allá de lo evidente". Intrigada por las palabras del pájaro sabio, Krissya decidió explorar sus habilidades especiales con los ojos grandes.

Caminó hasta la plaza del pueblo donde había una feria ambulante instalada. Cuando llegó allí, vio un globo rojo flotando alto entre la multitud.

Con sus ojos grandes como guías poderosos, observó que el globo estaba atorado en un árbol. Krissya se acercó y dijo: "¡Panchito, necesito tu ayuda!". El pequeño pájaro voló hasta el árbol y desató con su pico la cuerda del globo.

El globo rojo se elevó en el aire, llenando de alegría a todos los presentes. La noticia sobre el rescate del globo llegó rápidamente a oídos de los niños que solían burlarse de Krissya. Intrigados por sus habilidades especiales, decidieron darle una oportunidad y conocerla mejor.

Krissya les mostró cómo podía ver cosas maravillosas con sus ojos grandes. Les enseñó a observar los colores vibrantes de las flores, las formas curiosas de las nubes y los detalles ocultos en los cuentos ilustrados.

Pronto, todos los niños se dieron cuenta de lo especial que era Krissya y comenzaron a apreciar su singularidad. Juntos, exploraron el mundo con nuevos ojos y descubrieron la belleza en cada rincón.

A medida que pasaba el tiempo, Krissya continuaba ayudando a las personas con sus talentos únicos. Ya no había burlas ni comentarios hirientes porque todos habían aprendido la valiosa lección de aceptar y valorar las diferencias.

Desde aquel día mágico en que encontró el libro encantado, Krissya supo que ser diferente no era algo malo; al contrario, era lo que la hacía especial y única.

Y así fue como nuestra querida Krissya demostró al mundo entero que tener unos ojos grandes puede ser un regalo maravilloso que nos permite ver más allá de lo evidente y descubrir la belleza en cada detalle. Fin.

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