Luna y el Bosque Nevado



Había una vez, en un hermoso bosque de la Patagonia argentina, una lobita llamada Luna. Luna era muy curiosa y aventurera, siempre estaba explorando nuevos lugares junto a su manada.

Un día, mientras jugaba con sus amigos lobitos cerca de las montañas nevadas, Luna decidió adentrarse un poco más. Sin darse cuenta, se alejó demasiado y se perdió en medio del bosque frío y cubierto de nieve.

Luna caminaba sin rumbo fijo tratando de encontrar el camino de regreso a casa. Pero cuanto más avanzaba, más confundida se sentía. El sol comenzaba a ocultarse y el frío aumentaba cada vez más. Desesperada por encontrar ayuda, Luna divisó una pequeña cabaña entre los árboles.

Decidió acercarse lentamente para ver si encontraba alguna pista sobre cómo volver a su hogar.

Pero cuando llegó frente a la puerta de la cabaña, vio algo que le llenó el corazón de alegría: ¡había huellas frescas en la nieve! Sin pensarlo dos veces, Luna siguió las huellas hasta llegar al patio trasero de la cabaña. Allí encontró a un niño llamado Martín construyendo un muñeco de nieve. - ¡Hola! -dijo Luna emocionada-.

Me he perdido en estas montañas nevadas y no sé cómo volver con mi manada. Martín miró sorprendido a la lobita y dijo:- ¡Qué linda eres! No te preocupes, puedo ayudarte a encontrar el camino correcto. Luna saltó de alegría al escuchar esas palabras.

Martín tomó su abrigo y se preparó para acompañar a Luna en esta aventura. Juntos, caminaron por el bosque siguiendo las huellas de los lobos. Martín conocía muy bien la zona y sabía cómo orientarse en medio de la nieve.

Durante el camino, Luna le contaba historias sobre su manada y todas las maravillas que había descubierto en sus exploraciones.

Después de un largo recorrido, finalmente llegaron al borde del bosque, donde Luna pudo ver a lo lejos a su manada esperándola con ansias. - ¡Luna! -exclamaron todos los lobitos emocionados-.

¡Estamos tan contentos de verte! La lobita corrió hacia ellos y les contó todo acerca de su encuentro con Martín y cómo juntos habían encontrado el camino de regreso a casa. A partir de ese día, Luna aprendió una valiosa lección: siempre es importante pedir ayuda cuando nos sentimos perdidos o confundidos.

Y también comprendió lo maravilloso que puede ser hacer nuevos amigos y ayudarse mutuamente en momentos difíciles. Desde entonces, Luna se convirtió en la guía oficial del bosque nevado.

Ayudaba a otros animales que se perdían en las montañas e incluso enseñaba a los cachorros lobitos sobre la importancia de cuidarse unos a otros. Y así, entre risas y aventuras, Luna vivió feliz junto a su amada manada y su nuevo amigo Martín, recordando siempre aquel día en el que una simple pérdida se transformó en un encuentro inolvidable.

FIN.

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