Ojos Grandes y el Conejito Herido



Había una vez una niña llamada Liz, quien tenía unos ojos muy grandes. Algunos niños la molestaban y se burlaban de ella por su apariencia diferente.

Pero Liz no se dejaba vencer por las críticas y siempre seguía adelante con una sonrisa en el rostro. Un día, mientras caminaba por el bosque cercano a su casa, Liz encontró un pequeño conejito herido.

Sin pensarlo dos veces, lo tomó entre sus brazos y lo llevó a casa para curarlo. Desde ese momento, la vida de Liz cambió para siempre. El conejito se convirtió en su mejor amigo y juntos vivieron muchas aventuras emocionantes.

A medida que pasaba el tiempo, los demás niños empezaron a notar cómo Liz cuidaba del animalito con tanto amor y dedicación. "¡Miren! ¡Liz tiene un nuevo amigo!"- exclamaron algunos niños al verla jugar con el conejito en el parque. "Sí, es verdad"- dijo otro niño-, "y parece que lo quiere mucho".

Poco a poco, los demás niños comenzaron a aceptar a Liz tal como era. Ya no se burlaban de ella ni la criticaban por tener unos ojos grandes. En cambio, admiraban su valentía y bondad hacia los animales.

Con el tiempo, Liz descubrió que ser diferente no era algo malo sino todo lo contrario: era algo especial que la hacía única e irrepetible.

Y gracias al amor incondicional que le brindaba su pequeño amigo animal, aprendió también a amarse más a sí misma. Así fue como Liz se convirtió en una niña feliz y segura de sí misma; una niña que no temía ser diferente y que siempre seguía su corazón.

Y a partir de ese día, todos los niños la admiraban por su gran coraje y dulzura. Fin.

FIN.

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