Pippo y la comadreja amiga

Pippo estaba muy emocionado por su visita al campo de sus abuelitos Ñatito y Clide en Pago Chico. Desde que era pequeño, le encantaba pasar tiempo rodeado de la naturaleza y los animales del campo.

Pero esta vez, había un objetivo especial en mente: conocer a la comadreja. Desde hace varios días, Pippo no dejaba de escuchar las historias que su abuela Clide le contaba sobre una comadreja que vivía cerca del arroyo.

Según ella, era una criatura muy astuta y escurridiza que siempre lograba escapar de cualquier situación peligrosa. Pippo se imaginaba a la comadreja como un animal mágico, con habilidades sobrenaturales para escapar de los cazadores o para encontrar comida en lugares imposibles.

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Por eso, cuando llegó al campo de sus abuelos, lo primero que hizo fue preguntarles sobre el paradero de la famosa comadreja. "Abuelita Clide, ¿dónde vive exactamente la comadreja? Quiero verla con mis propios ojos", dijo Pippo emocionado.

"Ay mi niño querido, esa comadrejita es muy escurridiza y difícil de encontrar", respondió Clide con una sonrisa amorosa. "Pero si quieres intentarlo, te sugiero que vayas al arroyo temprano por la mañana. Ahí suele salir a buscar comida antes del amanecer".

Pippo siguió el consejo de su abuela y se levantó temprano al día siguiente. Con una mochila llena de provisiones y mucha ilusión en el corazón, caminó hacia el arroyo en busca de la comadreja.

Después de unos minutos de caminata, Pippo llegó al lugar indicado. Se escondió detrás de un árbol y esperó pacientemente a que la comadreja apareciera. Pasaron varios minutos y nada sucedió.

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Pippo comenzaba a desesperarse cuando, de repente, escuchó un ruido cerca del agua. Se asomó con cuidado y allí estaba ella: la comadreja. Era más pequeña de lo que imaginaba, pero tenía una belleza especial en su pelaje marrón oscuro y blanco.

La comadreja se movía con rapidez por las piedras del arroyo, buscando algún insecto para comer. Pippo no podía creer lo que veía. Estaba emocionado y sorprendido al mismo tiempo. Sin embargo, sabía que debía tener mucho cuidado para no espantarla.

"Hola amiguita", dijo Pippo en voz baja mientras sacaba una manzana de su mochila. La comadreja levantó la cabeza y miró hacia donde provenía la voz. Parecía curiosa pero también desconfiada.

"No te preocupes, no te haré daño", continuó Pippo mientras dejaba la manzana en el suelo cerca del agua. La comadreja se acercó lentamente a la fruta y empezó a comerla con delicadeza mientras miraba furtivamente a Pippo cada tanto.

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"Eres muy linda", dijo Pippo con ternura mientras tomaba unas fotos con su cámara. La comadreja terminó de comerse la manzana y luego se alejó corriendo por las piedras del arroyo. Pippo se quedó allí, con una sonrisa enorme en su rostro y el corazón lleno de alegría.

"Lo logré, abuela Clide. Conocí a la comadreja", dijo Pippo emocionado al regresar al campo. "¡Qué bien mi niño! Me alegro mucho que hayas podido verla. Ahora ya tienes una nueva amiga en el campo", respondió Clide con cariño.

Pippo nunca olvidaría aquel día en que conoció a la comadreja. Aprendió que la paciencia y la perseverancia son claves para alcanzar nuestros sueños, incluso si parecen imposibles de conseguir.

Además, descubrió que los animales del campo tienen un lugar especial en nuestro mundo y merecen ser respetados y cuidados como cualquier otro ser vivo.

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