Tomas y el vaso

Había una vez un niño llamado Tomás que tenía cinco años y vivía en una casa pequeña con sus padres.

Tomás era un niño muy activo y le encantaba jugar todo el día, pero había algo que no le gustaba: la leche. Todos los días, cuando llegaba la hora de tomar su vaso de leche, Tomás hacía una mueca y decía: "No me gusta la leche".

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Sus padres intentaban convencerlo diciéndole lo importante que era para crecer fuerte y sano, pero nada parecía funcionar. Un día, mientras jugaba en el parque con sus amigos, Tomás se dio cuenta de algo. Todos sus amigos podían correr más rápido y saltar más alto que él.

Se sintió triste y frustrado porque no podía hacer las mismas cosas que ellos. Cuando volvió a casa, decidió hablar con sus padres sobre su problema.

Les dijo: "No quiero tomar más leche porque no me gusta el sabor, pero si eso me ayuda a ser más fuerte como mis amigos del parque, entonces estoy dispuesto a intentarlo". Los padres de Tomás se sorprendieron al escuchar esto y decidieron ayudarlo en su objetivo.

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Comenzaron a buscar diferentes formas de preparar la leche para hacerla más apetitosa para él. Probaron mezclarla con chocolate o vainilla e incluso hicieron batidos con frutas frescas.

Después de varias semanas probando diferentes recetas juntos, Tomás finalmente encontró una forma de disfrutar la leche sin sentirse obligado a tomarla. Ahora tomaba su vaso todas las mañanas contento sabiendo que estaba haciendo algo bueno por sí mismo. Un día, mientras jugaba en el parque con sus amigos otra vez, Tomás notó algo diferente.

Podía correr más rápido y saltar más alto que antes. Se sintió feliz y orgulloso de sí mismo por haber encontrado una solución a su problema.

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Desde ese día en adelante, Tomás se convirtió en un niño más fuerte y saludable gracias a su determinación para superar su aversión a la leche. Y aprendió que cuando trabajas duro para lograr algo, los resultados pueden ser sorprendentes.

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